sábado, 25 de junio de 2011

Cambio de rumbo

¡Hola a todos!

No he vuelto a escribir desde antes del test. Y no sabéis lo muchísimo que siento el jarro de agua fría que ha supuesto el test para tantos de vosotros. Me parece muy injusto. De verdad: no entiendo cómo puede ser que exijan en el test cuestiones tan específicas de temas como la Ley de Crédito al Consumo, (a la cual dedica el programa un epígrafe miserable) o de Jurisprudencia... Desde luego, cuando dije en la última entrada que cada año se superan con el test, no me imaginaba que fuera a resultar tan catastrófico.

Sin embargo, ya son muchas las personas que conozco y de las que me han hablado que, habiendo aprobado este examen en diversas ocasiones durante los años anteriores, han suspendido el test este año. Y suspender un examen que ya aprobaste anteriormente es durísimo. A mí me ocurrió, después de haber ido el año anterior al primer oral, suspender el test el año siguiente. Fue el primer bache importante de la oposición. Y es que, de pronto, te encuentras con que no vas al siguiente examen al que tenías la seguridad de que irías. Te encuentras con que tienes que esperar UN AÑO ENTERO para volver poder enfrentarte a ello, para volver a tener un reto, para ver algo en el horizonte y no sentirte en medio de la nada.

Pero, también desde mi experiencia, os aconsejo que, los que penséis seguir adelante, os toméis estos meses como una oportunidad para reforzar el programa. Para machacar el primer oral si es lo que necesitáis pero, sobre todo, para dedicarle más tiempo a los procesales. Y es que, si me he dado cuenta de algo durante estos años es que, aunque es una suerte saber que cada año tenemos convocatoria, a veces el ritmo resulta muy agobiante. Cada vez que termina una convocatoria, ya está encima la siguiente. Y eso es bueno para muchas cosas, porque da seguridad que todos los años convoquen. Pero también supone que nunca tienes tiempo para machacar bien determinadas materias. Y, de verdad, no os digo esto sólo para consolar o dar ánimos, sino porque lo creo de verdad. Tomadlo como una oportunidad para aprovechar bien estos meses y para estudiar los temas mucho mejor de lo que lo habríais podido hacer si hubierais tenido que ir al Supremo este año. Y en la próxima las cosas irán mucho mejor. Si queréis llegar a buen puerto, no dejéis que esto os hunda: mantened el rumbo y seguid remando. Aunque las cosas no hayan salido como esperabais (especialmente los que llevais pocos años en esto) tenéis que pasar página cuanto antes. Mantened el rumbo, porque sabéis que, aunque no avistéis tierra durante días, semanas o meses, vais en la dirección adecuada. Es una especie de acto de fe :) Cuando a mí me ocurrió en aquel momento no fui capaz de hacerlo, pero luego me di cuenta del error. No era fácil... pero habría sido mucho mejor ser capaz de tomármelo con más calma, no dándole tanta trascendencia a un suspenso que en aquel momento no la tenía.

Pero bueno...voy a dejar aparte ahora el tema del test, porque tengo que contaros una cosa desde hace tiempo. No os he contado nada antes porque, cuando ocurrió, no me parecía el momento oportuno. Y después ha ido pasando el tiempo y, aunque tenía esta entrada escrita casi por completo, me costaba mucho publicarla.

El hecho es que el día 15 de mayo cerré los códigos, guardé los temas y no los he vuelto a abrir. No sigo con la oposición.

La decisión está tomada desde entonces. No tuvo nada que ver con el examen que iba a ser dos semanas después ni fue una decisión tomada en un momento de arrebato. Ha sido un proceso muy largo y la decisión que más me ha costado tomar en mi vida.


Después de mi paso por el Supremo el pasado mes de enero, como os conté (y era totalmente sincera), no me sentí hundida. Me sentí cabreada, impotente y con mucha rabia. Pero en ningún momento tenía ganas de tirar la toalla. Ni se me pasó por la cabeza, vamos. De hecho, recuerdo a mí misma diciéndoselo a otra persona totalmente convencida: "¿cómo voy a dejarlo, si la mayor parte del trabajo la tengo ya hecha? Si sigo adelante, al final saldrá." Y no me cabe duda de que, si hubiera tenido las fuerzas suficientes para seguir adelante, podrían haber ido bien las cosas. De que, como he oído reitaradamente en la última temporada "tengo capacidad para sacarlo"

Como ya os conté, después de aquel examen y de varias semanas de descanso que dediqué a los preparativos de mi boda, me puse a estudiar. Tenía ganas, de verdad. Evidentemente, daba pereza. Pero estaba motivada y me sentía con mucha ilusión por recuperar el ritmo porque pese a que las cosas no habían ido bien la última vez, al mismo tiempo, me había dado cuenta de que era posible lograrlo. Pero, como ya os comenté, al volver a empezar me estrellé contra los temas. Y fue así una y mil veces, cada día durante los meses siguientes. Luego ya llegó la fase en la que levantarme de la cama por la mañana era imposible y, las veces que conseguía madrugar, sólo de pensar en ponerme delante de los libros me entraba una ansiedad impresionante. En general, no tenía ganas de nada. Ni de estudiar, ni de salir... incluso pensar en la boda me agobiaba en vez de ilusionarme.
Durante estos meses he intentado de todo: desde ponerme planes de lo más exigentes hasta proponerme estudiar sólo un par de horas al día, con tal de que esas horas me cundieran. Estudiar sola, estudiar acompañada, ponerme metas cortas, "premiarme" los pequeños éxitos. Pero las cosas no cambiaron: era incapaz de concentrarme, de estudiar. 

De cara al test, sin embargo, conseguí que me cundiera un poco (muy poco) más. No es que estuviese súper animada, pero estaba menos chafada.  El test no era un examen que me preocupase. Lo había aprobado ya tres veces anteriormente y creía firmemente que, si me cundían las últimas tres o cuatro semanas repasando a tope, las cosas podían ir bien. Pero es que ni de eso fui capaz. Avanzaba a paso de tortuga incluso en ese momento en que debía ser capaz de correr como un gamo. Y más, estando a pocas semanas del examen. ¡Con lo mucho que me cunde a mí siempre cuando estudio bajo presión...! Pero esta vez ni con presión. Porque la ilusión se había esfumado hasta tal punto que ni siquiera era capaz de reaccionar ante un examen.

No era capaz de estudiar y me di cuenta de que tampoco iba a serlo aunque aprobase el test. Porque, precisamente, el test no era mi preocupación. De hecho, un día se lo dije a mi preparador: en el fondo, prefería no aprobar el test y no volver otra vez al infierno de prepararme para el segundo examen.

Sabía que, estando así, igual que no era capaz de centrarme en el examen que tenía en pocas semanas, menos aún iba a ser capaz de estudiar para un examen que no sería hasta enero. Y no estaba dispuesta a seguir así, porque durante todos los meses anteriores cada día había sido una auténtica tortura. Y no quería, no estaba dispuesta a seguir así. Y, no estando dispuesta a continuar, no tenía sentido seguir estudiando ni un día más.
Cuando me di cuenta de eso, de que lo que yo quería era dejarlo, de que no estaba dispuesta a seguir, me sentí tranquila, cerré el Código (creo recordar que estaba repasando el tema de la ocupación) y pensé que ya no tenía sentido seguir estudiando. Fue dificilísimo llegar ahí pero, al mismo tiempo, era una cosa tan sencilla que parece mentira que costase tanto de ver.

Decidí ir al examen, eso sí. No ir era como "rajarme" o dejar algo a medio hacer. Sé que puede parecer incoherente, que el sentimiento es irracional. Pero el caso es que esa sensación, unida al hecho de que, si no iba a Barcelona, tenía que contar mi decisión a una amiga y no quería que se viera afectada  por ella dos semanas antes del test, me hizo ir al examen una vez más. 

No toqué un libro las semanas de antes, ni siquiera intenté estudiar (aunque hubo momentos en que me resultó difícil no hacerlo). Fui al examen y lo hice lo mejor que pude. Era raro porque me sentí a como si estuviese viendo las cosas "desde fuera", desde la perspectiva del que no se juega nada, en parte, como una espectadora. Aunque, al mismo tiempo, concentrada y tratando de hacerlo bien. Contesté lo más razonablemente que pude, aunque en cinco meses casi no había sacado ningún rendimiento, había materias que no leía siquiera desde enero y, desde luego, de la reforma de Penal no tenía ni idea. Con lo cual... podía salir bien, pero sabía que lo normal era suspender. Y, aunque una parte de mí deseaba aprobar, otra parte sabía que lo mejor para mí sería no hacerlo. Porque, si aprobaba, no iba a conseguir desconectar. Iba a seguir dándole vueltas a la cabeza y pensando si no debería volver a coger los temas e intentarlo de nuevo.
En cualquier caso, finalmente, he suspendido. He sacado un cuarenta y cuatro y pico. Pero ver la nota de corte, tengo que decirlo, no me dio ni frío ni calor. Porque, como me dijo mi amiga Luisa cuando le conté mi decisión, si en algún momento me plantease volver a intentarlo, tendría que ser con ilusión absolutamente renovada, segura de querer hacerlo. Y la mejor forma no hubiera sido retomar los temas simplemente por el hecho de haber aprobado el test.
Volver a intentarlo, no por tener la ilusión de hacerlo, sino simplemente por no dejar pasar la oportunidad, hubiera sido un error estando en mi situación. Además de que, casi seguro, hubiera supuesto un nuevo fracaso.
Y, sobre todo, porque mi decisión no ha sido tomarme un descanso para volver dentro de un tiempo, sino cambiar de rumbo. Puede que en un momento dado cambie de opinión, me ilusione, me sienta con fuerzas y ganas y decida volver a intentarlo. Pero será, como dice Luisa, empezando desde cero en cierto modo.

Me hubiera encantado que las cosas hubieran sido de otra manera. Sé que tengo capacidad para aprobar. Sé que hay mucha gente que aprueba que es mejor que yo. Pero también sé que mucha gente como yo, gente normal y corriente, con un nivel de inteligencia medio y que trabaja muy duro cada día (como yo lo he hecho), aprueba cada año la oposición. Pero esa capacidad de aprobar, que está ahí teóricamente, a veces termina mermándose a causa de los obstáculos con que nos vamos encontrando. La vamos quemando. Por las circunstancias personales de cada uno, por los errores cometidos, por la mala suerte... Por el mero paso del tiempo y el desgaste que supone para algunos. Y al final, el resultado termina dependiendo demasiado de la suerte. Al menos, así lo veo yo.

Podía haber sido de otra manera, claro que sí. Y duele pensarlo. Pero las cosas son como son. Y, aunque creo que (casi siempre) "el que resiste gana", sé que, en ese momento no tenía sentido seguir "resistiendo". Porque, estando en estas condiciones, "resistir" es sólo seguir haciéndome daño sin sentido. Es seguir ahí, sin dar un paso adelante ni tampoco hacia atrás. Sin ser capaz de estudiar ni tampoco de disfrutar del día a día haciendo otras cosas. Así que, aunque me encantaría seguir adelante y no tener que hacerlo, me veo obligada a cambiar de dirección. Creo, de verdad, que es lo que tenía que hacer ahora mismo. Y ha sido muy duro llegar a esa conclusión. Pero me siento muy tranquila y cada día más contenta.

Sé que he cometido muchos errores a lo largo de la oposición que, unidos a todos esos factores que os decía antes, han sido determinantes de la forma en que han discurrido los acontecimientos. Me encantaría poder transmitiros a todos lo que he aprendido: todo aquello que no hay que hacer, que no hay que pensar ni que plantearse durante la oposición... Aunque creo que cada uno tiene que descubrirlo por sí mismo. No sirve de nada que otro nos lo cuente. Pero, si puedo ayudaros en algo a todos los que estéis en este barco, sólo tenéis que pedirlo. A veces, además de la experiencia del que triunfa, también es útil escuchar la experiencia del que fracasa :)

Aún no sé qué voy a hacer (profesionalmente hablando). He tomado la decisión de cambiar de rumbo pero no porque tenga claro qué dirección voy a tomar, sino porque sé que no quiero seguir por ahí. Lo que sí sé es que, por lo pronto, tengo que recuperarme, desconectar, desopositorizarme :) Pensar en los próximos meses y disfrutar de la boda y de los preparativos que faltan, a los que creía que no iba a poder dedicar nada de tiempo. Disfrutar del día a día, de mi novio, mi familia, mis amigos... De salir a que me dé el aire sin remordimientos. Hay vida más allá de la oposición, incluso para los que no la aprueban :) Y, en lugar de pensar en lo incierto del camino, en que no sé bien qué voy a hacer, quiero pensar más bien en que tengo un amplio abanico de posibilidades. Que sólo tengo que decidir hacia dónde seguir y emprender el camino con ánimo e ilusión. Y estoy en ello. No puedo decir que esté dando saltos de alegría, pero sí creo que he hecho lo correcto y no me he arrepentido por ahora en ningún momento. Y eso da cierta tranquilidad. 

Claro que hay incertidumbre. Pero, a fin de cuentas, antes de dejar la oposición tampoco tenía nada precisamente asegurado :) Y, al final, las cosas siempre se resuelven si caminas con ilusión y confianza... Así que, de un modo u otro, espero que todo irá bien.

Tampoco sé muy bien qué haré ahora con el blog. Puede que siga escribiendo lo que se me ocurra, aunque ya no oposite. De hecho, ahora soy más tertium genus que nunca :D O, mejor dicho, soy más que un tertium genus porque no es que me encuentre a medio camino entre dos cosas... ¡estoy a mitad camino entre no sé cuántas cosas!
De todas maneras, Supongo es que su destino natural es desaparecer de una forma o de otra, sea cerrándolo o bien dejándolo abierto pero en stand by. A fin de cuentas, es el fin de una etapa y es por eso, supongo, que me da pena cerrarlo. Pero no sé lo que haré. ¡No sabéis la cantidad de cosas que no sé cómo van a ser a partir de ahora! Así que ya se verá.

Quiero disculparme (sobre todo con algunos de vosotros, que me habéis escrito o llamado y no os he devuelto las llamadas ni los mensajes) por no habéroslo contado antes.
Antes del test, como ya os he dicho, no quería comentar nada aquí, ni tampoco hasta que terminase de examinarse del tercer ejercicio la gente a la que conozco. Porque sé que, igual que te anima y te sube la moral leer una entrada positiva o ver cómo aprueban algunos compañeros, te deja desanimado ver que otro abandona. Y no me parecía buen momento para dar la noticia. Igual que tampoco fui capaz de ponerme a escribir aquí mis pensamientos más negativos sobre la oposición durante el proceso de toma de decisión. Porque sé que esa perspectiva es la más negativa. La visión parcial de una opositora "quemada". Y, aunque esa visión es una parte de la realidad, sólo es una parte de ella. Y no me gustaba la idea de transmitir esas sensaciones ni a los que estabais a las puertas del test, ni a los que ibais a examinaros del tercero ni tampoco a los que acababais de suspenderlo. Espero que lo entendáis.

Por otra parte, es verdad que llevo "desaparecida" mucho tiempo para muchos de vosotros. No sólo del blog, sino en general. Y no sólo para los que opositáis, sino también para otras muchas personas. Pero es que no es fácil de contar. A todos los que he tenido la oportunidad de contárselo en vivo y en directo, lo he hecho. Pero coger el teléfono y llamar para contarlo sin que la otra persona haya estado viendo de cerca mi evolución durante este tiempo me ha resultado imposible incluso con personas muy cercanas. Y no es por falta de confianza. Si hubiésemos estado viéndonos, os lo hubiera contado antes, sin lugar a dudas. Incluso os habría transmitido mis sensaciones durante todo el tiempo anterior y la decisión no os hubiera sorprendido tanto. Pero es difícil contarlo así, a boca jarro, y telefónicamente.  Y es difícil contestar cuando, después de decirlo  te preguntan por qué lo dejas. Es duro escuchar ese "¿por qué?", que viene con una mezcla de sorpresa y decepción. Y llega un momento en que, aunque todos los que te lo dicen tienen buena intención y, precisamente, si preguntan por qué es porque confiaban en que ibas a conseguirlo y querían que lo consiguieras, cuesta mucho responder a esa pregunta una y otra vez. Y más telefónicamente. Espero que me perdonéis. Y siento, de verdad, decepcionaros o desanimaros de algún modo.
Yo estoy bien (y, si Dios quiere, aún estaré mejor). Todos los que me ven día a día me lo dicen: me ha cambiado la expresión de la cara. Y aún me queda, porque tengo todavía bastante mala leche acumulada, sigo irascible según los ratos... Pero estoy contenta y sé que la evolución va a seguir siendo positiva. Entre otras cosas, porque el futuro inmediato me ilusiona.

Antes de terminar con esta entrada, no quiero dejar de dar las GRACIAS a los que me habéis ido leyendo, a los que habéis compartido cosas en este blog, a los que me habéis dado ánimos aun no conociéndonos personalmente. Ya lo dije en otra ocasión: no sabía lo mucho que iba a aportarme este rinconcillo virtual :) 
Y, por supuesto, GRACIAS también a todos los demás... a todos los que, sabiendo o no de la existencia del blog, habéis estado ahí de un modo u otro, preocupándoos por mí, estando pendientes de cada examen, de mi estado de ánimo y de cómo estaba yo.

GRACIAS a mi novio, a mi familia, a mis amigos... que han estado ahí y seguirán estándolo pase lo que pase. Y gracias a todas las personas que, aunque no las nombre individualmente, han sido importantes cada una a su manera a lo largo del camino.

¡¡¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!!!

Y a los que seguís en esto, muchísima fuerza. Los que lleváis poco en esto, tratad de aprovechar al máximo vuestras fuerzas y los que lleváis más tiempo, sean los años que sean, seguid adelante mientras mantengáis la ilusión, porque el número de años no importa. Lo importante es mantener la ilusión y tener siempre claro que la oposición no es un fin, sino un medio. Se convierte en una parte muy importante de nuestra vida durante mucho tiempo, pero no es nuestra vida. Lo importante es ser felices. Ningún camino está libre de obstáculos y la oposición es un camino duro, pero no es el más duro. Lo que cuenta es ser capaz de ser felices con el camino que elijamos, sea cual sea nuestro rumbo. 


¡Mucha suerte a todos los que vais a volver a pasar por el Supremo este año! ¡Mucho, muchísimo ánimo! Y muchísima suerte a todos los que, de un modo u otro, vayais a empezar una nueva etapa, como jueces o fiscales o como sea.

No sabéis lo que me cuesta darle definitivamente al botón de "publicar esta entrada", pero allá va... 

¡Muchos besos a todos!





jueves, 26 de mayo de 2011

El test es como una caja de bombones...

¡Hola a todos! ¿Cómo van esos ánimos? ¡Espero que con mucha fuerza!

Que estéis con mucha fuerza todos los que estáis a punto de pasar por el Supremo Mery, te los tienes que comer con patatas! Por muy negro que lo veas, sé que en el fondo tienes más energías que hace mucho tiempo. Y, ya que no vamos a poder vernos en Barcelona, cuando apruebes tenemos que celebrarlo).
Y, por supuesto, espero que estéis con mucha fuerza todos los que, dentro de pocos días, volveréis (volveremos) a pasar, una vez más, por el dichoso test. Para algunos (entre ellos para mí) es la enésima vez. De nuevo El Día de la Marmota. Para otros, el test es un nuevo reto, bien porque van por primera vez o bien porque es la primera vez que van con probabilidades reales de éxito. Y aprobarlo supone cosechar el fruto del esfuerzo realizado en este tiempo.


Pero, vaya como vaya, hay que tener claro que el test es, como diría Forrest Gump, como una caja de bombones. Ni los que llevamos aaaaaños en esto ni los que vais por primera vez tenemos ni idea de qué es lo que nos vamos a encontrar. Y es que, cada año, sus Señorías nos sorprenden con alguna novedad
Los primeros años eran, en general, preguntas de derecho positivo puro y duro. Y, hace varios años, los que creímos que ya sabíamos cuál era el tipo de examen al que nos enfrentábamos nos topamos con sorpresas como las de "si A dispara a B..." y otras semejantes. Y, como novedad, el año pasado decidieron introducir preguntas sobre jurisprudencia. C´est la vie!

No sé si os acordáis, pero hubo un año en que, directamente, consideraron nula una de las preguntas y así lo declararon en el mismo momento del examen, porque al redactarla se habían confundido y habían puesto dos respuestas iguales. ¿Cómo se puede ser tan chapucero? ¡Sólo son 100 preguntas, no 600!

En cualquier caso, la "técnica" que más me gusta es la de redactar las preguntas añadiendo al final la socorrida opción de "ninguna de las anteriores es correcta." Y, en principio, esto no tendría que suponer un problema si supiéramos que las preguntas están bien planteadas y no presentan ambiguedades. Son preguntas que tienen una complicación añadida, pero tampoco sería grave si redactasen como Dios manda.

Pongámonos en situación: tú lees la pregunta y ves claramente que la opción B) y la opción C) son incorrectas. Y, posiblemente, si no hubieran puesto esa cuarta posibilidad (ninguna es correcta), elegirías la A). Sin embargo, tú que te sabes el artículo al dedillo (probablemente mejor que el que ha redactado la pregunta), te das cuenta de que en la opción A) falta un adjetivo o sobra un adverbio que hace que esa respuesta no se ajuste exactamente al sentido del precepto. Con lo cual, puesto que tienes la opción de responder que ninguna es correcta, eliges la opción D). Y, además, la contestas convencido, porque sabes perfectamente que ninguna de las anteriores es correcta.
 Sin embargo,  como decía, la cosa se complica en nuestro examen porque, cuando sabes que es posible que ese adjetivo que falta o ese adverbio que sobra no sean errores intencionados, sino meras deficiencias en la redacción y que a lo mejor consideran que la A) es la respuesta correcta...

Aun así, hay que tomárselo con humor, tratar de no indignarse aunque haya motivo (al menos, mientras estamos haciendo el examen) y hacer lo posible por contestar con sentido común. Leer con calma y no precipitarnos al responder las preguntas. Pero, al mismo tiempo, seguir nuestra intuición y confiar en nuestros conocimientos. Estando allí, sobre el terreno, a veces es complicado. Pero hay que mantener la calma.

El año pasado, que creía que esperaba poder contestar todas las preguntas de Constitucional y creía que era difícil que me saliera mal esa parte del examen, casi se me cae el alma a los pies cuando empecé a leerlo. Sin embargo, no hay que dejar que cunda el pánico: si leemos una pregunta y no la sabemos, pasar a la siguiente. Un rato después, cuando volvamos a leerla, a lo mejor se nos ilumina "la bombillita" y sabemos claramente cuál es la buena. Y si, aun así, no tenemos ni idea, hay que pensar que, probablemente, habrá muchos otros compañeros que estarán en la misma situación, dejarla en blanco y seguir adelante. Si vas más o menos bien preparado al examen hay que confiar en que, si la mayoría de la gente no sabe contestar esa pregunta, entonces no tiene gran trascendencia que nosotros tampoco sepamos, porque es la nota del conjunto de opositores lo que determina cuál será la nota de corte.

Otro factor incierto es precisamente ése: cuál será la nota de corte. Yo siempre he confiado en eso: en que la nota de corte estará en función del nivel de los opositores que, en general, puede decirse que año tras año tienen un nivel parecido. De manera que si el examen es difícil es igual de difícil para todos, y la nota de corte, será baja. Y, si es fácil, lo normal es que la nota suba. Sin embargo, no podemos confiar en eso al cien por cien, porque un  factor añadido (e igual de importante) es cuánta gente van a querer que apruebe el examen
Durante muchos años (sobre todo desde la introducción de Procesal en el test), la nota de corte había sido más bien baja. Creo recordar que un año, tras las impugnaciones, llegó a quedarse en un treinta y nueve. Y, en general, los últimos años estaba rondando los cuarenta y tantos puntos. Sin embargo, el año pasado, que habían convocado más plazas que nunca y que la impresión general no era la de un examen más fácil que en años anteriores, contra todo pronóstico, decidieron que el test lo iban a aprobar quinientas personas menos que en años anteriores. Con lo cual, la nota de corte subió a 53.
Yo, normalmente, contesto al examen sin arriesgar, respondiendo sólo aquellas preguntas de las que estoy completamente segura. Y eso hice el año pasado. Salí contenta del examen porque había contestado 55 preguntas de las que estaba bastante segura y no creía que la nota fuera a estar a ese nivel ni en broma visto cómo había sido el examen y cómo habían sido las cosas en años anteriores. Pero subió a 53... De las contestadas, tuve un fallo, así que aprobé por los pelos, cuando yo creía que estaría dentro sin problemas. ¿Hasta qué punto conviene arriesgar a la hora de contestar si se trata de preguntas de las que no estás seguro al 100%? Ojalá lo supiera. 
Siempre he sido de la opinión de que si vas preparado al examen, una vez has exprimido todo lo que sabías con seguridad, es no arriesgar. Y, en el fondo, sigo pensando lo mismo: ¿para qué jugársela? Hay que confiar en que, como decía antes, si yo no sé responder a las preguntas "ocurrentes" del examen, la mayoría de los opositores tampoco van a saber. Y si deciden aprobar a menos gente y suben la nota de corte... ¡pues mala suerte! Ese factor no podemos controlarlo, así que mejor no calentarse la cabeza con eso.

En resumen: hace tiempo que creo que, de verdad, este tipo de examen no demuestra lo que sabemos. Yo el año pasado, habiéndolo antes aprobado ya en varias ocasiones, estuve a un pelo de suspender. Y gente que lo había aprobado muchas otras veces se quedó fuera.

¿Qué nos encontraremos este año? ¡Pues a saber! Pero, como no depende de nosotros, mejor no agobiarnos de antemano. Tomárnoslo, a ser posible, con algo de humor y con mucha tranquilidad en el momento de contestar las preguntas. Hacerlo lo mejor posible, estrujarnos la cabeza para contestar tantas preguntas como sepamos y rezar para no arriesgar ni más ni menos de lo necesario
Después, ir a celebrar que, por lo menos, ya ha pasado
Y luego esperar con paciencia la nota de corte, que es un "trago" en el que muchos nos hemos tirado de los pelos más de una vez :) Pero ésa es otra historia... Ahora sólo toca repasar todo lo posible y estar animados. 
Como ya hice el año pasado, os pongo el enlace a una entrada en el blog de Mery con consejillos que pueden venir bien.

¡MUCHA, MUCHA, MUCHÍSIMA SUERTE A TODOS!

Os escribo a la vuelta del examen.

¡Muchos besos!
jueves, 24 de marzo de 2011

Nunca digas no puedo más...


 ¡Hola a todos!

¿Cómo estáis? Aunque parezca mentira, desde el examen y el comienzo de las vacaciones, es la tercera vez que me siento delante del ordenador para empezar una entrada. Espero que, por fin, ésta vea la luz. 

Esta temporada no ha sido fácil. Para no mentir, las vacaciones fueron estupendas. Desconecté, descansé, hice muchísimas cosas... Y, por supuesto, fui al cine todas las veces que pude. Sin embargo, la vuelta a la realidad fue como una bofetada. Mi sensación el día que volví a coger los temas fue la de "soy un fraude". Sentí que no podía con ello. Que, si no había aprobado, era porque no merecía conseguirlo. Mi sensación fue la de que, en realidad, no me sabía ni un tema del programa. Y, aunque en realidad sé que no es así, todavía no he conseguido quitarme esa losa de encima. Y esa sensación ha desembocado en una apatía que no es normal en mí. Siento que no puedo con ello.

Mi preparador, mi padre y todos los que me conocen dicen lo contrario. Dicen lo mismo que creía yo hace dos meses: que puedo con ello, que la mayor parte del esfuerzo está hecha y que hay que seguir adelante como sea. Pero esto es un camino largo. A veces, con baches que se hacen eternos y, por mucho que razonemos y por mucho que nos digan, no es tan fácil seguir adelante.

Sin embargo. Tengo que ponerle punto final a esta mala racha. Mi novio, últimamente, no deja de preguntarme en qué me puede ayudar. Pero soy yo quien tiene que hacerlo. Los demás pueden ayudar estando ahí, pero es uno mismo el que tiene que hacerlo, que reunir fuerzas suficientes para salir de la cama cada día y coger el todo por los cuernos. Y yo, hasta ahora, estoy viendo pasar los días por delante de mí sin conseguir avanzar en nada. Agobiada, malhumorada y tristona. Y lo peor es ¡que no tengo motivos!

Muchos lo sabéis y a los que no, os informo ahora: este verano me caso :)) 
Cuando pusimos la fecha de la boda, hace ya un año, sabíamos que, llegado el momento, podía ocurrir que hubiese aprobado la oposición o, podía ser, como ha ocurrido, que siguiera en la misma situación. Sin embargo, necesitaba dar ese paso, saber que la vida sigue, y que iba a seguir igual aunque no hubiese conseguido aprobar. El tener tomada esa decisión ha sido muy importante para mí. Me ha ilusionado muchísimo y ha resultado muy alentadora en muchos momentos. Porque, pese al fracaso en la última convocatoria, veo que hay cosas estupendas en mi vida. En definitiva, aunque sea repetitivo: que la vida sigue y no se limita, ni mucho menos, a la oposición.

Lo que no me esperaba es que, llegado el verdadero bajón, el bajón  de la vuelta al estudio, ni siquiera la perspectiva de la boda consigue animarme. La vida sigue, es verdad. Y con cosas muy buenas. Pero no consigo evitar que me vengan pensamientos negativos a la cabeza constantemente. Pienso que no lo voy a conseguir y que, encima, me voy a encontrar con treinta y tantos, sin haber ejercido en mi vida y sin saber hacer la "o" con un canuto. Y todo por lo de siempre: la falta de fe. Sobre todo, la falta de fe en mí misma, claro. El autosabotaje puede ser una fuerza muy poderosa, pero hemos de saber reconducirla para jugar a nuestro favor y no en nuestra contra. No puedo seguir tirando piedras sobre mi propio tejado.

Hay que volver a atreverse, lanzarse y confiar, aun sin saber cuál va a ser el resultado final. Porque existe la posibilidad de que me estrelle, es verdad, pero también puede ser que consiga aterrizar sobre mis propios pies. Y si no me lanzo, es seguro que no lo conseguiré. Hay que echarle un par de ovarios a este tema. Aunque cueste. Estoy cansada psicológicamente. Muy, muy cansada. 

Pero esto no puede seguir así. Ha llegado el momento de dar un puñetazo en la mesa, levantarse y decir "¡Ya está bien!" Ya está bien de lamentos, de dudas, de regodearme en la incertidumbre. Esto últimos días me he acordado varias veces de las palabras de Goytisolo: "Te sentirás acorralada, te sentirás perdida o sola..." pero "nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo." 

A veces son muy fuertes las ganas de tirar la toalla... Y aumentan a cada año que pasa. Pero tengo que volver a intentarlo. Intentarlo de verdad. No puedo dejar que los días vayan pasando de largo uno tras otro, escapándoseme de las manos, vacíos, cuando podría estar sacándoles mucho partido.

Y, como he tomado esta decisión, la decisión de "coger el toro por los cuernos", tenía que plasmarla aquí. Porque, aunque pueda parecer que tenía el blog olvidado, no es así. El silencio de este tiempo se corresponde al cien por cien con mi estado de ánimo. Pero "ya está bien" también de tanta sequía bloggera.

Justo el día que escribí la última entrada hacía un año que había inaugurado este blog. Y, durante este año, el blog ha sido para mí algo muy bueno. Recuerdo que Jaspe me lo dijo en su día: que el abrir el blog me iba a reportar muchísimas cosas muy buenas. Y ha sido así. Me habéis aportado muchísimo con vuestros comentarios, con vuestras experiencias, con vuestros ánimos... Y me ha servido también en gran medida para aclarar las ideas. Para plasmar pensamientos que, a veces, es muy bueno sacar fuera. Me ha servido, incluso, para comprometerme más firmemente a cumplir objetivos. Y por eso hoy vuelvo a escribir aquí: porque, aunque mañana o pasado no me cundan como debería, estoy decidida a emprender un nuevo comienzo. A coger el toro por los cuernos y a salir del bache como sea. Si después de eso no salen bien las cosas, entonces ya veremos. Pero pueden salir bien y tengo que apostar por ello.

Gracias a todos los que habéis estado ahí conmigo todo este tiempo. Antes y después del examen. En persona, por teléfono o a través de internet. Y gracias a todos los que lleváis leyéndome pacientemente durante este año, escribiendo y haciendo posible que este Cajón Desastre siga adelante :) Así que, aunque sea con retraso, ¡feliz cumple-blog a todos! 




Quién escribe

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Pichús
Durante los últimos años, OPOSITORA A JUDICATURAS (¡ojalá que por poco tiempo!). Pero en los ratos libres intento seguir siendo YO.
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"Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el baston. ¡Pero nunca te detengas!" (Teresa de Calcuta)


"A la larga el éxito es más fácil que el fracaso. Sencillamente, consiste en saber lo que se quiere, en saber hacerlo y en tener la persistencia y la determinación de lograrlo" (B. Bailey)


"Si puedes soñarlo, puedes hacerlo" (Walt Disney)


"Si piensas que puedes, tienes razón y si piensas que no puedes, también tienes razón."


"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños" (Eleanor Roosvelt)


"El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntemos demasiado alto y no demos en el blanco, sino que apuntemos demasiado bajo y acertemos" (Miguel Ángel)


"No podemos descubrir nuevos océanos a menos que tengamos el coraje suficiente para perder de vista la costa" (Anónimo)


"Los muros existen por alguna razón. Y no es para mantenernos fuera, sino para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto queremos algo. Y para frenar a quienes no lo desean suficientemente." (Randy Pausch)

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