jueves, 26 de mayo de 2011

El test es como una caja de bombones...

¡Hola a todos! ¿Cómo van esos ánimos? ¡Espero que con mucha fuerza!

Que estéis con mucha fuerza todos los que estáis a punto de pasar por el Supremo Mery, te los tienes que comer con patatas! Por muy negro que lo veas, sé que en el fondo tienes más energías que hace mucho tiempo. Y, ya que no vamos a poder vernos en Barcelona, cuando apruebes tenemos que celebrarlo).
Y, por supuesto, espero que estéis con mucha fuerza todos los que, dentro de pocos días, volveréis (volveremos) a pasar, una vez más, por el dichoso test. Para algunos (entre ellos para mí) es la enésima vez. De nuevo El Día de la Marmota. Para otros, el test es un nuevo reto, bien porque van por primera vez o bien porque es la primera vez que van con probabilidades reales de éxito. Y aprobarlo supone cosechar el fruto del esfuerzo realizado en este tiempo.


Pero, vaya como vaya, hay que tener claro que el test es, como diría Forrest Gump, como una caja de bombones. Ni los que llevamos aaaaaños en esto ni los que vais por primera vez tenemos ni idea de qué es lo que nos vamos a encontrar. Y es que, cada año, sus Señorías nos sorprenden con alguna novedad
Los primeros años eran, en general, preguntas de derecho positivo puro y duro. Y, hace varios años, los que creímos que ya sabíamos cuál era el tipo de examen al que nos enfrentábamos nos topamos con sorpresas como las de "si A dispara a B..." y otras semejantes. Y, como novedad, el año pasado decidieron introducir preguntas sobre jurisprudencia. C´est la vie!

No sé si os acordáis, pero hubo un año en que, directamente, consideraron nula una de las preguntas y así lo declararon en el mismo momento del examen, porque al redactarla se habían confundido y habían puesto dos respuestas iguales. ¿Cómo se puede ser tan chapucero? ¡Sólo son 100 preguntas, no 600!

En cualquier caso, la "técnica" que más me gusta es la de redactar las preguntas añadiendo al final la socorrida opción de "ninguna de las anteriores es correcta." Y, en principio, esto no tendría que suponer un problema si supiéramos que las preguntas están bien planteadas y no presentan ambiguedades. Son preguntas que tienen una complicación añadida, pero tampoco sería grave si redactasen como Dios manda.

Pongámonos en situación: tú lees la pregunta y ves claramente que la opción B) y la opción C) son incorrectas. Y, posiblemente, si no hubieran puesto esa cuarta posibilidad (ninguna es correcta), elegirías la A). Sin embargo, tú que te sabes el artículo al dedillo (probablemente mejor que el que ha redactado la pregunta), te das cuenta de que en la opción A) falta un adjetivo o sobra un adverbio que hace que esa respuesta no se ajuste exactamente al sentido del precepto. Con lo cual, puesto que tienes la opción de responder que ninguna es correcta, eliges la opción D). Y, además, la contestas convencido, porque sabes perfectamente que ninguna de las anteriores es correcta.
 Sin embargo,  como decía, la cosa se complica en nuestro examen porque, cuando sabes que es posible que ese adjetivo que falta o ese adverbio que sobra no sean errores intencionados, sino meras deficiencias en la redacción y que a lo mejor consideran que la A) es la respuesta correcta...

Aun así, hay que tomárselo con humor, tratar de no indignarse aunque haya motivo (al menos, mientras estamos haciendo el examen) y hacer lo posible por contestar con sentido común. Leer con calma y no precipitarnos al responder las preguntas. Pero, al mismo tiempo, seguir nuestra intuición y confiar en nuestros conocimientos. Estando allí, sobre el terreno, a veces es complicado. Pero hay que mantener la calma.

El año pasado, que creía que esperaba poder contestar todas las preguntas de Constitucional y creía que era difícil que me saliera mal esa parte del examen, casi se me cae el alma a los pies cuando empecé a leerlo. Sin embargo, no hay que dejar que cunda el pánico: si leemos una pregunta y no la sabemos, pasar a la siguiente. Un rato después, cuando volvamos a leerla, a lo mejor se nos ilumina "la bombillita" y sabemos claramente cuál es la buena. Y si, aun así, no tenemos ni idea, hay que pensar que, probablemente, habrá muchos otros compañeros que estarán en la misma situación, dejarla en blanco y seguir adelante. Si vas más o menos bien preparado al examen hay que confiar en que, si la mayoría de la gente no sabe contestar esa pregunta, entonces no tiene gran trascendencia que nosotros tampoco sepamos, porque es la nota del conjunto de opositores lo que determina cuál será la nota de corte.

Otro factor incierto es precisamente ése: cuál será la nota de corte. Yo siempre he confiado en eso: en que la nota de corte estará en función del nivel de los opositores que, en general, puede decirse que año tras año tienen un nivel parecido. De manera que si el examen es difícil es igual de difícil para todos, y la nota de corte, será baja. Y, si es fácil, lo normal es que la nota suba. Sin embargo, no podemos confiar en eso al cien por cien, porque un  factor añadido (e igual de importante) es cuánta gente van a querer que apruebe el examen
Durante muchos años (sobre todo desde la introducción de Procesal en el test), la nota de corte había sido más bien baja. Creo recordar que un año, tras las impugnaciones, llegó a quedarse en un treinta y nueve. Y, en general, los últimos años estaba rondando los cuarenta y tantos puntos. Sin embargo, el año pasado, que habían convocado más plazas que nunca y que la impresión general no era la de un examen más fácil que en años anteriores, contra todo pronóstico, decidieron que el test lo iban a aprobar quinientas personas menos que en años anteriores. Con lo cual, la nota de corte subió a 53.
Yo, normalmente, contesto al examen sin arriesgar, respondiendo sólo aquellas preguntas de las que estoy completamente segura. Y eso hice el año pasado. Salí contenta del examen porque había contestado 55 preguntas de las que estaba bastante segura y no creía que la nota fuera a estar a ese nivel ni en broma visto cómo había sido el examen y cómo habían sido las cosas en años anteriores. Pero subió a 53... De las contestadas, tuve un fallo, así que aprobé por los pelos, cuando yo creía que estaría dentro sin problemas. ¿Hasta qué punto conviene arriesgar a la hora de contestar si se trata de preguntas de las que no estás seguro al 100%? Ojalá lo supiera. 
Siempre he sido de la opinión de que si vas preparado al examen, una vez has exprimido todo lo que sabías con seguridad, es no arriesgar. Y, en el fondo, sigo pensando lo mismo: ¿para qué jugársela? Hay que confiar en que, como decía antes, si yo no sé responder a las preguntas "ocurrentes" del examen, la mayoría de los opositores tampoco van a saber. Y si deciden aprobar a menos gente y suben la nota de corte... ¡pues mala suerte! Ese factor no podemos controlarlo, así que mejor no calentarse la cabeza con eso.

En resumen: hace tiempo que creo que, de verdad, este tipo de examen no demuestra lo que sabemos. Yo el año pasado, habiéndolo antes aprobado ya en varias ocasiones, estuve a un pelo de suspender. Y gente que lo había aprobado muchas otras veces se quedó fuera.

¿Qué nos encontraremos este año? ¡Pues a saber! Pero, como no depende de nosotros, mejor no agobiarnos de antemano. Tomárnoslo, a ser posible, con algo de humor y con mucha tranquilidad en el momento de contestar las preguntas. Hacerlo lo mejor posible, estrujarnos la cabeza para contestar tantas preguntas como sepamos y rezar para no arriesgar ni más ni menos de lo necesario
Después, ir a celebrar que, por lo menos, ya ha pasado
Y luego esperar con paciencia la nota de corte, que es un "trago" en el que muchos nos hemos tirado de los pelos más de una vez :) Pero ésa es otra historia... Ahora sólo toca repasar todo lo posible y estar animados. 
Como ya hice el año pasado, os pongo el enlace a una entrada en el blog de Mery con consejillos que pueden venir bien.

¡MUCHA, MUCHA, MUCHÍSIMA SUERTE A TODOS!

Os escribo a la vuelta del examen.

¡Muchos besos!

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Durante los últimos años, OPOSITORA A JUDICATURAS (¡ojalá que por poco tiempo!). Pero en los ratos libres intento seguir siendo YO.
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