¡Hola a todos!
Hoy es uno de esos días en los que, si en vez de madrugar no me hubiese levantado de la cama, no habría pasado nada. No me hubiese cundido más el estudio y, probablemente, habría disfrutado bastante más de la mañana del domingo. En vez de quedarme en la cama -cosa que no he hecho-, también podría haberme bajado a la playa. Pero es que ni ganas.
El viernes me cundió poco porque tuve mil interrupciones tontas, lo cual no tendría importancia si la mañana del domingo hubiese estudiado a tope. Pero no ha sido así. Porque ayer, que era mi día libre, terminé bastante hecha polvo (de ánimo). No por el estudio, ni por la oposición, ni por nada de eso. Pero el caso es que hoy no he dado pie con bola en todo el día.
En general, para cualquiera, opositor o no opositor, hay situaciones que no podemos permitir que nos afecten hasta el punto de dejarnos K.O. Primero, hay que intentar relativizarlas. Después, tanto si son graves como si no lo son, hay que tratar de resolverlas. Y, si no podemos resolverlas, entonces hay que conseguir, por todos los medios, que nos afecten lo menos posible y que no nos quiten la paz interior (por decirlo de algún modo).
Eso es importante para cualquiera. Pero el tema deja de ser importante para convertirse en vital si resulta que de esa "paz interior", de equilibrio mental, de la capacidad para concentrarte exclusivamente en tu trabajo y dejar a un lado todo lo demás, de tu rendimiento y tu concentración diarios depende que el esfuerzo de cada día (de mucho tiempo) dé o no dé finalmente su fruto.
Está claro que todo el mundo, en el día a día, necesita rendir en su trabajo y ser capaz de concentrarse para hacerlo lo mejor posible. Algunos, porque tienen un negocio propio y, si no están en lo que están, terminarán por perder su clientela. Otros, porque si no rinden todo lo posible, terminarán por encontrarse "de patitas en la calle". Y otros, porque si no están concentrados al cien por cien en lo que están haciendo, sencillamente, no pueden hacerlo. Ése es nuestro caso. Pero, en mi opinión, es aún peor. Porque, por muy importante que sea su trabajo, el que tiene un mal día y rinde menos porque ha tenido una bronca en casa, porque tiene un familiar enfermo o porque él mismo está enfermo ese día, si tiene un sueldo fijo, cobrará lo mismo a fin de mes, cotizará igualmente a la seguridad social... Incluso, si me apuras, podrá cogerse la baja, si no se encuentra bien. Si es un trabajador ejemplar y no tiene un déspota como jefe, si éste le ve mala cara, a lo mejor incluso le da una palmadita en la espalda. Pero, ¿qué pensaríais si alguien os cuenta que en su trabajo no cobra el día que se encuentra mal, el día que le duele la cabeza, que está triste o el día que no puede quitarse un problema de la cabeza? Pues algo semejante es lo que nos ocurre a nosotros: para nosotros, un día tonto, es un día que cobramos la mitad y un día K.O. es un día de pérdidas. Ese día no cobramos y, a lo mejor, incluso, no sólo no nos pagan, sino que nos quitan lo que cobramos el día anterior. Porque un día K.O. ni siquiera es un día de descanso, de reponer fuerzas o de desconectar. Un día K.O. es un día de tiempo perdido; pero también es un día de desgaste, que es casi peor.
Y no nos lo podemos permitir. Y menos, cuando lo que deberíamos hacer es estar dándolo todo. Porque, si no lo hacemos, si nos permitimos tener muchos días malos o muchos días "en blanco", no sólo nos quedaremos sin cobrar ese día, sino que tenemos muchos números para, al final, quedarnos sin nada.
Pero, ¿cómo evitarlo? ¿Cómo hacer para que nos "resbalen" más las cosas? De verdad que, después de 24 años de experiencia como no opositora y 6 como opositora no he conseguido encontrar la fórmula.
¿Aislarnos de todo? ¿Pasar de todo? ¿Mantenernos al margen de todo? No es posible... Primero porque, como ya he dicho en más de una ocasión, es imposible
vivir en una burbuja; porque,
por mucho que opositemos, la vida sigue -por suerte, todo hay que decirlo-.
Pero, además, porque al menos yo, necesito tener cerca a la gente que quiero, que en algunos casos es la gente con la que más broncas tengo (no con todos, claro, menos mal...), y la gente que más quebraderos de cabeza me provoca. Pero también es gente a la que necesito sentir cerca. Así que, aunque sólo sea egoístamente, no puedo desconectar sin más.
¿Cómo encontrar el equilibrio? De verdad, que si alguno sabe cuál es la fórmula, me gustaría conocerla. Creo que para la gente como yo, con mi forma de ser, no la hay. Por lo menos, no hay una fórmula infalible. Es inevitable, de vez en cuando, que después de tener un disgusto, al día siguiente no seamos capaces de hacer la "o" con un canuto. Pero se admiten consejos y sugerencias para mejorar.
La vida sigue, es verdad, y hay que decir que no a muchísimos planes estupendos que van surgiendo. Pero eso de verdad que me resulta más o menos fácil hacerlo sin quedarme mal, por muy apetecible que fuera el plan. Una vez he dicho que no, me quedo estudiando y no me quedo pensando "vaya hombre, ahora podría estar haciendo no sé qué plan estupendo..." Sinceramente, no. Decido que no voy o decido que tengo que irme a casa temprano y aunque, evidentemente, preferiría otra cosa, tengo asumido que lo que toca es estudiar y lo hago. A eso he conseguido acostumbrarme y forma parte de la rutina diaria. Sin más. Puedo, incluso, obligarme a mi misma a que no se me vaya la cabeza a pensar en planes o cosas que tengo delante próximamente y que me hacen ilusión, pero que pueden ser causa de distracción. Intento no pensar en ello sdurante la jornada de estudio y, con más o menos fallos, pero más o menos lo consigo.
Pero tener una determinada preocupación, haber tenido una bronca o haberme llevado un disgusto y, al cabo de un rato (o al día siguiente), ponerme a estudiar como si no hubiera pasado nada, eso no lo consigo. Es de ser subnormal, ya lo sé, pero es lo que hay.
Mi examen será la semana del 10 al 16 de enero. Sólo son tres meses. Pero, durante esos tres meses, de verdad, necesito "pasar" de todo lo que no sea estudiar sin distracción durante seis días a la semana. Y el séptimo (que no es el domingo, sino el viernes o el sábado) limitarme a descansar, desconectar y disfrutar de todo lo que no puedo hacer durante los otros seis días. Pero dejar fuera de mi vida todo lo demás. Las distracciones "negativas" durante toda la semana y las "positivas", seis días a la semana. No sé si lo conseguiré, pero tengo que lograr lo más parecido a eso. Y, desde luego, no puedo permitirme perder otro día como hoy.
En fin... Por suerte, mañana seguro que se me ha pasado. Y, de hecho, a lo mejor esta tarde todavía consigo, si no rendir al cien por cien, sí no pasarme K.O. todas las horas que debería estar estudiando.Y si no me centro, descansaré y me iré a dar un paseo. Porque todo tiene un límite y ya me he lamentado bastante por hoy.
Perdonad el tono de la entrada de hoy. Prometo que la próxima será "de otro color". No puedo permitirme lo contrario :)
¡Besos y mucho ánimo a todos! ¡A los que en breve visitaréis el Supremo y a los que todavía lo tenéis más lejos! ¡Dadle duro, que no tenemos tiempo que perder!