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sábado, 25 de junio de 2011

Cambio de rumbo

¡Hola a todos!

No he vuelto a escribir desde antes del test. Y no sabéis lo muchísimo que siento el jarro de agua fría que ha supuesto el test para tantos de vosotros. Me parece muy injusto. De verdad: no entiendo cómo puede ser que exijan en el test cuestiones tan específicas de temas como la Ley de Crédito al Consumo, (a la cual dedica el programa un epígrafe miserable) o de Jurisprudencia... Desde luego, cuando dije en la última entrada que cada año se superan con el test, no me imaginaba que fuera a resultar tan catastrófico.

Sin embargo, ya son muchas las personas que conozco y de las que me han hablado que, habiendo aprobado este examen en diversas ocasiones durante los años anteriores, han suspendido el test este año. Y suspender un examen que ya aprobaste anteriormente es durísimo. A mí me ocurrió, después de haber ido el año anterior al primer oral, suspender el test el año siguiente. Fue el primer bache importante de la oposición. Y es que, de pronto, te encuentras con que no vas al siguiente examen al que tenías la seguridad de que irías. Te encuentras con que tienes que esperar UN AÑO ENTERO para volver poder enfrentarte a ello, para volver a tener un reto, para ver algo en el horizonte y no sentirte en medio de la nada.

Pero, también desde mi experiencia, os aconsejo que, los que penséis seguir adelante, os toméis estos meses como una oportunidad para reforzar el programa. Para machacar el primer oral si es lo que necesitáis pero, sobre todo, para dedicarle más tiempo a los procesales. Y es que, si me he dado cuenta de algo durante estos años es que, aunque es una suerte saber que cada año tenemos convocatoria, a veces el ritmo resulta muy agobiante. Cada vez que termina una convocatoria, ya está encima la siguiente. Y eso es bueno para muchas cosas, porque da seguridad que todos los años convoquen. Pero también supone que nunca tienes tiempo para machacar bien determinadas materias. Y, de verdad, no os digo esto sólo para consolar o dar ánimos, sino porque lo creo de verdad. Tomadlo como una oportunidad para aprovechar bien estos meses y para estudiar los temas mucho mejor de lo que lo habríais podido hacer si hubierais tenido que ir al Supremo este año. Y en la próxima las cosas irán mucho mejor. Si queréis llegar a buen puerto, no dejéis que esto os hunda: mantened el rumbo y seguid remando. Aunque las cosas no hayan salido como esperabais (especialmente los que llevais pocos años en esto) tenéis que pasar página cuanto antes. Mantened el rumbo, porque sabéis que, aunque no avistéis tierra durante días, semanas o meses, vais en la dirección adecuada. Es una especie de acto de fe :) Cuando a mí me ocurrió en aquel momento no fui capaz de hacerlo, pero luego me di cuenta del error. No era fácil... pero habría sido mucho mejor ser capaz de tomármelo con más calma, no dándole tanta trascendencia a un suspenso que en aquel momento no la tenía.

Pero bueno...voy a dejar aparte ahora el tema del test, porque tengo que contaros una cosa desde hace tiempo. No os he contado nada antes porque, cuando ocurrió, no me parecía el momento oportuno. Y después ha ido pasando el tiempo y, aunque tenía esta entrada escrita casi por completo, me costaba mucho publicarla.

El hecho es que el día 15 de mayo cerré los códigos, guardé los temas y no los he vuelto a abrir. No sigo con la oposición.

La decisión está tomada desde entonces. No tuvo nada que ver con el examen que iba a ser dos semanas después ni fue una decisión tomada en un momento de arrebato. Ha sido un proceso muy largo y la decisión que más me ha costado tomar en mi vida.


Después de mi paso por el Supremo el pasado mes de enero, como os conté (y era totalmente sincera), no me sentí hundida. Me sentí cabreada, impotente y con mucha rabia. Pero en ningún momento tenía ganas de tirar la toalla. Ni se me pasó por la cabeza, vamos. De hecho, recuerdo a mí misma diciéndoselo a otra persona totalmente convencida: "¿cómo voy a dejarlo, si la mayor parte del trabajo la tengo ya hecha? Si sigo adelante, al final saldrá." Y no me cabe duda de que, si hubiera tenido las fuerzas suficientes para seguir adelante, podrían haber ido bien las cosas. De que, como he oído reitaradamente en la última temporada "tengo capacidad para sacarlo"

Como ya os conté, después de aquel examen y de varias semanas de descanso que dediqué a los preparativos de mi boda, me puse a estudiar. Tenía ganas, de verdad. Evidentemente, daba pereza. Pero estaba motivada y me sentía con mucha ilusión por recuperar el ritmo porque pese a que las cosas no habían ido bien la última vez, al mismo tiempo, me había dado cuenta de que era posible lograrlo. Pero, como ya os comenté, al volver a empezar me estrellé contra los temas. Y fue así una y mil veces, cada día durante los meses siguientes. Luego ya llegó la fase en la que levantarme de la cama por la mañana era imposible y, las veces que conseguía madrugar, sólo de pensar en ponerme delante de los libros me entraba una ansiedad impresionante. En general, no tenía ganas de nada. Ni de estudiar, ni de salir... incluso pensar en la boda me agobiaba en vez de ilusionarme.
Durante estos meses he intentado de todo: desde ponerme planes de lo más exigentes hasta proponerme estudiar sólo un par de horas al día, con tal de que esas horas me cundieran. Estudiar sola, estudiar acompañada, ponerme metas cortas, "premiarme" los pequeños éxitos. Pero las cosas no cambiaron: era incapaz de concentrarme, de estudiar. 

De cara al test, sin embargo, conseguí que me cundiera un poco (muy poco) más. No es que estuviese súper animada, pero estaba menos chafada.  El test no era un examen que me preocupase. Lo había aprobado ya tres veces anteriormente y creía firmemente que, si me cundían las últimas tres o cuatro semanas repasando a tope, las cosas podían ir bien. Pero es que ni de eso fui capaz. Avanzaba a paso de tortuga incluso en ese momento en que debía ser capaz de correr como un gamo. Y más, estando a pocas semanas del examen. ¡Con lo mucho que me cunde a mí siempre cuando estudio bajo presión...! Pero esta vez ni con presión. Porque la ilusión se había esfumado hasta tal punto que ni siquiera era capaz de reaccionar ante un examen.

No era capaz de estudiar y me di cuenta de que tampoco iba a serlo aunque aprobase el test. Porque, precisamente, el test no era mi preocupación. De hecho, un día se lo dije a mi preparador: en el fondo, prefería no aprobar el test y no volver otra vez al infierno de prepararme para el segundo examen.

Sabía que, estando así, igual que no era capaz de centrarme en el examen que tenía en pocas semanas, menos aún iba a ser capaz de estudiar para un examen que no sería hasta enero. Y no estaba dispuesta a seguir así, porque durante todos los meses anteriores cada día había sido una auténtica tortura. Y no quería, no estaba dispuesta a seguir así. Y, no estando dispuesta a continuar, no tenía sentido seguir estudiando ni un día más.
Cuando me di cuenta de eso, de que lo que yo quería era dejarlo, de que no estaba dispuesta a seguir, me sentí tranquila, cerré el Código (creo recordar que estaba repasando el tema de la ocupación) y pensé que ya no tenía sentido seguir estudiando. Fue dificilísimo llegar ahí pero, al mismo tiempo, era una cosa tan sencilla que parece mentira que costase tanto de ver.

Decidí ir al examen, eso sí. No ir era como "rajarme" o dejar algo a medio hacer. Sé que puede parecer incoherente, que el sentimiento es irracional. Pero el caso es que esa sensación, unida al hecho de que, si no iba a Barcelona, tenía que contar mi decisión a una amiga y no quería que se viera afectada  por ella dos semanas antes del test, me hizo ir al examen una vez más. 

No toqué un libro las semanas de antes, ni siquiera intenté estudiar (aunque hubo momentos en que me resultó difícil no hacerlo). Fui al examen y lo hice lo mejor que pude. Era raro porque me sentí a como si estuviese viendo las cosas "desde fuera", desde la perspectiva del que no se juega nada, en parte, como una espectadora. Aunque, al mismo tiempo, concentrada y tratando de hacerlo bien. Contesté lo más razonablemente que pude, aunque en cinco meses casi no había sacado ningún rendimiento, había materias que no leía siquiera desde enero y, desde luego, de la reforma de Penal no tenía ni idea. Con lo cual... podía salir bien, pero sabía que lo normal era suspender. Y, aunque una parte de mí deseaba aprobar, otra parte sabía que lo mejor para mí sería no hacerlo. Porque, si aprobaba, no iba a conseguir desconectar. Iba a seguir dándole vueltas a la cabeza y pensando si no debería volver a coger los temas e intentarlo de nuevo.
En cualquier caso, finalmente, he suspendido. He sacado un cuarenta y cuatro y pico. Pero ver la nota de corte, tengo que decirlo, no me dio ni frío ni calor. Porque, como me dijo mi amiga Luisa cuando le conté mi decisión, si en algún momento me plantease volver a intentarlo, tendría que ser con ilusión absolutamente renovada, segura de querer hacerlo. Y la mejor forma no hubiera sido retomar los temas simplemente por el hecho de haber aprobado el test.
Volver a intentarlo, no por tener la ilusión de hacerlo, sino simplemente por no dejar pasar la oportunidad, hubiera sido un error estando en mi situación. Además de que, casi seguro, hubiera supuesto un nuevo fracaso.
Y, sobre todo, porque mi decisión no ha sido tomarme un descanso para volver dentro de un tiempo, sino cambiar de rumbo. Puede que en un momento dado cambie de opinión, me ilusione, me sienta con fuerzas y ganas y decida volver a intentarlo. Pero será, como dice Luisa, empezando desde cero en cierto modo.

Me hubiera encantado que las cosas hubieran sido de otra manera. Sé que tengo capacidad para aprobar. Sé que hay mucha gente que aprueba que es mejor que yo. Pero también sé que mucha gente como yo, gente normal y corriente, con un nivel de inteligencia medio y que trabaja muy duro cada día (como yo lo he hecho), aprueba cada año la oposición. Pero esa capacidad de aprobar, que está ahí teóricamente, a veces termina mermándose a causa de los obstáculos con que nos vamos encontrando. La vamos quemando. Por las circunstancias personales de cada uno, por los errores cometidos, por la mala suerte... Por el mero paso del tiempo y el desgaste que supone para algunos. Y al final, el resultado termina dependiendo demasiado de la suerte. Al menos, así lo veo yo.

Podía haber sido de otra manera, claro que sí. Y duele pensarlo. Pero las cosas son como son. Y, aunque creo que (casi siempre) "el que resiste gana", sé que, en ese momento no tenía sentido seguir "resistiendo". Porque, estando en estas condiciones, "resistir" es sólo seguir haciéndome daño sin sentido. Es seguir ahí, sin dar un paso adelante ni tampoco hacia atrás. Sin ser capaz de estudiar ni tampoco de disfrutar del día a día haciendo otras cosas. Así que, aunque me encantaría seguir adelante y no tener que hacerlo, me veo obligada a cambiar de dirección. Creo, de verdad, que es lo que tenía que hacer ahora mismo. Y ha sido muy duro llegar a esa conclusión. Pero me siento muy tranquila y cada día más contenta.

Sé que he cometido muchos errores a lo largo de la oposición que, unidos a todos esos factores que os decía antes, han sido determinantes de la forma en que han discurrido los acontecimientos. Me encantaría poder transmitiros a todos lo que he aprendido: todo aquello que no hay que hacer, que no hay que pensar ni que plantearse durante la oposición... Aunque creo que cada uno tiene que descubrirlo por sí mismo. No sirve de nada que otro nos lo cuente. Pero, si puedo ayudaros en algo a todos los que estéis en este barco, sólo tenéis que pedirlo. A veces, además de la experiencia del que triunfa, también es útil escuchar la experiencia del que fracasa :)

Aún no sé qué voy a hacer (profesionalmente hablando). He tomado la decisión de cambiar de rumbo pero no porque tenga claro qué dirección voy a tomar, sino porque sé que no quiero seguir por ahí. Lo que sí sé es que, por lo pronto, tengo que recuperarme, desconectar, desopositorizarme :) Pensar en los próximos meses y disfrutar de la boda y de los preparativos que faltan, a los que creía que no iba a poder dedicar nada de tiempo. Disfrutar del día a día, de mi novio, mi familia, mis amigos... De salir a que me dé el aire sin remordimientos. Hay vida más allá de la oposición, incluso para los que no la aprueban :) Y, en lugar de pensar en lo incierto del camino, en que no sé bien qué voy a hacer, quiero pensar más bien en que tengo un amplio abanico de posibilidades. Que sólo tengo que decidir hacia dónde seguir y emprender el camino con ánimo e ilusión. Y estoy en ello. No puedo decir que esté dando saltos de alegría, pero sí creo que he hecho lo correcto y no me he arrepentido por ahora en ningún momento. Y eso da cierta tranquilidad. 

Claro que hay incertidumbre. Pero, a fin de cuentas, antes de dejar la oposición tampoco tenía nada precisamente asegurado :) Y, al final, las cosas siempre se resuelven si caminas con ilusión y confianza... Así que, de un modo u otro, espero que todo irá bien.

Tampoco sé muy bien qué haré ahora con el blog. Puede que siga escribiendo lo que se me ocurra, aunque ya no oposite. De hecho, ahora soy más tertium genus que nunca :D O, mejor dicho, soy más que un tertium genus porque no es que me encuentre a medio camino entre dos cosas... ¡estoy a mitad camino entre no sé cuántas cosas!
De todas maneras, Supongo es que su destino natural es desaparecer de una forma o de otra, sea cerrándolo o bien dejándolo abierto pero en stand by. A fin de cuentas, es el fin de una etapa y es por eso, supongo, que me da pena cerrarlo. Pero no sé lo que haré. ¡No sabéis la cantidad de cosas que no sé cómo van a ser a partir de ahora! Así que ya se verá.

Quiero disculparme (sobre todo con algunos de vosotros, que me habéis escrito o llamado y no os he devuelto las llamadas ni los mensajes) por no habéroslo contado antes.
Antes del test, como ya os he dicho, no quería comentar nada aquí, ni tampoco hasta que terminase de examinarse del tercer ejercicio la gente a la que conozco. Porque sé que, igual que te anima y te sube la moral leer una entrada positiva o ver cómo aprueban algunos compañeros, te deja desanimado ver que otro abandona. Y no me parecía buen momento para dar la noticia. Igual que tampoco fui capaz de ponerme a escribir aquí mis pensamientos más negativos sobre la oposición durante el proceso de toma de decisión. Porque sé que esa perspectiva es la más negativa. La visión parcial de una opositora "quemada". Y, aunque esa visión es una parte de la realidad, sólo es una parte de ella. Y no me gustaba la idea de transmitir esas sensaciones ni a los que estabais a las puertas del test, ni a los que ibais a examinaros del tercero ni tampoco a los que acababais de suspenderlo. Espero que lo entendáis.

Por otra parte, es verdad que llevo "desaparecida" mucho tiempo para muchos de vosotros. No sólo del blog, sino en general. Y no sólo para los que opositáis, sino también para otras muchas personas. Pero es que no es fácil de contar. A todos los que he tenido la oportunidad de contárselo en vivo y en directo, lo he hecho. Pero coger el teléfono y llamar para contarlo sin que la otra persona haya estado viendo de cerca mi evolución durante este tiempo me ha resultado imposible incluso con personas muy cercanas. Y no es por falta de confianza. Si hubiésemos estado viéndonos, os lo hubiera contado antes, sin lugar a dudas. Incluso os habría transmitido mis sensaciones durante todo el tiempo anterior y la decisión no os hubiera sorprendido tanto. Pero es difícil contarlo así, a boca jarro, y telefónicamente.  Y es difícil contestar cuando, después de decirlo  te preguntan por qué lo dejas. Es duro escuchar ese "¿por qué?", que viene con una mezcla de sorpresa y decepción. Y llega un momento en que, aunque todos los que te lo dicen tienen buena intención y, precisamente, si preguntan por qué es porque confiaban en que ibas a conseguirlo y querían que lo consiguieras, cuesta mucho responder a esa pregunta una y otra vez. Y más telefónicamente. Espero que me perdonéis. Y siento, de verdad, decepcionaros o desanimaros de algún modo.
Yo estoy bien (y, si Dios quiere, aún estaré mejor). Todos los que me ven día a día me lo dicen: me ha cambiado la expresión de la cara. Y aún me queda, porque tengo todavía bastante mala leche acumulada, sigo irascible según los ratos... Pero estoy contenta y sé que la evolución va a seguir siendo positiva. Entre otras cosas, porque el futuro inmediato me ilusiona.

Antes de terminar con esta entrada, no quiero dejar de dar las GRACIAS a los que me habéis ido leyendo, a los que habéis compartido cosas en este blog, a los que me habéis dado ánimos aun no conociéndonos personalmente. Ya lo dije en otra ocasión: no sabía lo mucho que iba a aportarme este rinconcillo virtual :) 
Y, por supuesto, GRACIAS también a todos los demás... a todos los que, sabiendo o no de la existencia del blog, habéis estado ahí de un modo u otro, preocupándoos por mí, estando pendientes de cada examen, de mi estado de ánimo y de cómo estaba yo.

GRACIAS a mi novio, a mi familia, a mis amigos... que han estado ahí y seguirán estándolo pase lo que pase. Y gracias a todas las personas que, aunque no las nombre individualmente, han sido importantes cada una a su manera a lo largo del camino.

¡¡¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!!!

Y a los que seguís en esto, muchísima fuerza. Los que lleváis poco en esto, tratad de aprovechar al máximo vuestras fuerzas y los que lleváis más tiempo, sean los años que sean, seguid adelante mientras mantengáis la ilusión, porque el número de años no importa. Lo importante es mantener la ilusión y tener siempre claro que la oposición no es un fin, sino un medio. Se convierte en una parte muy importante de nuestra vida durante mucho tiempo, pero no es nuestra vida. Lo importante es ser felices. Ningún camino está libre de obstáculos y la oposición es un camino duro, pero no es el más duro. Lo que cuenta es ser capaz de ser felices con el camino que elijamos, sea cual sea nuestro rumbo. 


¡Mucha suerte a todos los que vais a volver a pasar por el Supremo este año! ¡Mucho, muchísimo ánimo! Y muchísima suerte a todos los que, de un modo u otro, vayais a empezar una nueva etapa, como jueces o fiscales o como sea.

No sabéis lo que me cuesta darle definitivamente al botón de "publicar esta entrada", pero allá va... 

¡Muchos besos a todos!





domingo, 2 de enero de 2011

¡Atrévete!

¡Hola a todos!

En primer lugar, espero que hayáis disfrutado estos días. Y, sobre todo, os deseo lo mejor para este año recién estrenado.

Son muchas las sensaciones que he tenido durante estas últimas semanas. Y van intensificándose todas ellas mientras avanzan los días. 
Por un lado, la ilusión de cumplir un sueño.
El cansancio.
La angustia, la tensión y el mal humor, que me convierten en la persona más irritable del mundo y, al mismo tiempo, en la más necesitada de mimos.
Los arrepentimientos y lamentos del tipo "por qué no habré sido capaz de aprovechar más estos meses." 
El agradecimiento a todos los que de un modo u otro han estado cuidando de mí, apoyándome desde cerca y desde lejos, acordándose, rezando por mí... Ese también es un sentimiento muy importante. Aunque, al mismo tiempo, conlleva una especie de "carga" ya que, por otro lado, no puedo evitar sentir cierto temor a decepcionarlos a todos. Porque para algunos supondría una gran alegría mi aprobado. Para mis padres, evidentemente. Pero para mi novio, sin ir más lejos, cada día de oposición supone también un sacrificio, aunque lo haga a gusto y me apoye de todo corazón. Y hay muchas personas que  me quieren, que se preocupan y que de verdad confían en que va a ir bien.
El miedo al fracaso también está ahí. Aunque no es miedo a un "fracaso vital" o algo así. Al contrario. Si hay algo que me mantiene contenta y con algo de tranquilidad es SABER que, de verdad, mi felicidad no depende de este examen. Que mi vida va a seguir adelante igual. Que tengo mil motivos para estar contenta. Y que 2011 va a ser, como muchos sabéis, un año muy especial para mí. Salga como salga esto. Y no es que piense abandonar si no apruebo este examen: al contrario. Ahora mismo tengo claro que, aunque saliera mal, no podría tirar la toalla porque me siento capaz de conseguirlo. Más que en mucho tiempo. Pero si, aun volviendo a intentarlo, volviese a fracasar, evidentemente, me dolería. Pero sé que podría ser igualmente feliz.

Aunque parezca mentira y sea mucho menos importante, más que ese miedo al fracaso es más intenso el miedo visceral. El miedo a la angustia que se vive en el Supremo... a las horas previas, al examen... A todo lo que ya os he dicho en otras ocasiones. Y es que, una vez más, iré a Madrid con el programa peor de lo que querría. Con temas que casi seguro no me va a dar tiempo a volver a mirar de aquí al examen, que no me repaso desde la edad de piedra y que, si salen, no podría decir de ellos más que los títulos de los epígrafes. Son temas de "con la venia, me retiro". Otros los llevaré cogidos con alfileres...  Y sé que, desde fuera, habrá muchos que no lo entenderéis. ¿Cómo puede haber temas que, si salen, significan "adiós y buenas tardes" después de casi siete años en esto? No me voy a poner a explicarlo,  pero sé que la mayoría de los que estáis en la brecha lo entendéis perfectamente. Habrá quien piense que es para darme de bofetones. Pero, tranquilos, que de eso ya me encargo yo y no hace falta que me lo recuerde nadie :)

Sin embargo, el no llevar el programa como a mí me gustaría no significa ni mucho menos que vaya a salir mal. Como siempre dice mi novio, "con que te sepas cinco temas, puedes aprobar". Y, desde luego, los cinco temas sí que los supero... :)  Puedo tener muy mala suerte y, a menudo, Murphy suele jugárnosla en este tipo de situaciones. Los temas de la lista negra están ahí y pueden salir. Y ltambién los temas que van cogidos con alfileres. Pero también están ahí esos otros temas, que son muchos, que sabría recitar de memoria aun estando dormida. 

Sé que, a pesar de todos esos temas, tengo probabilidades de aprobar y tengo que luchar por ellas. Dar todo lo que pueda hasta el final, porque cada tema que repasas puede salir. Luchar hasta el último momento. Y el último momento es aquel en que el presidente te invita a retirarte o aquel en que terminan los 60 minutos de examen, después de cantados los 5 temas, y sales fuera de la sala a esperar el "veredicto". No antes. No puedo rendirme antes ni dejarme apabullar por el tiempo que se me echa encima. Es necesario esforzarse hasta ese último momento en que tienes ganas de salir corriendo del Tribunal Supremo. 

Por cierto: mi amiga y compañera Luisa me ha regalado un bote de pegamento para pegarme a la silla una vez empiece el examen y no levantarme hasta el final. Así que no puedo fallarle :) Me he comprometido con mucha gente que me quiere pero, sobre todo, me he comprometido conmigo misma a que, bajo ningún concepto dejaré que el miedo me atenace. No me retiraré aunque todos los temas que salgan sean temas "cogidos con alfileres". Si me "atasco" en un tema, haré lo posible por "desatascarme", por seguir adelante, saliendo por peteneras si hace falta, saltando al punto siguiente o como sea. Pero me he comprometido a poner toda la carne en el asador en el momento del examen. A no tener miedo y ejercer mi derecho a hablar ante esos nueve señores durante sesenta minutos. Y si no les gusta, que me lo digan y me levanten ellos. Pero, si he de dar algun paso, esta vez será hacia delante. 

No dejéis de ver el vídeo que os dejo al final de la entrada.  Me encanta y, aunque parezca mentira, por lo mucho que me enrollo, es el motivo principal de mi entrada. Una amiga me lo envió hace unos días (dando completamente en el clavo), especialmente dedicado a mí. Desde entonces lo he visto varias veces y lo he tenido presente en muchas ocasiones. Sobre todo, el momento final... Ése en que se pone de manifiesto no sólo que hay que ser valiente sino que nuestros miedos, cuando nos enfrentamos a ellos y les plantamos cara, terminan evaporándose. 

Ojalá haya un poco de suerte porque, por mi parte, estoy decidida a ir a por todas.

Cuando haya noticias, las tendréis, pero no será antes del miércoles o jueves después de Reyes.

Entre tanto, ¡feliz Año Nuevo a todos! Y que os traigan muchas cosas los Reyes Magos.

¡Un abrazo y ánimo a todos los que os examináis a partir del día 10!



martes, 7 de diciembre de 2010

El virus devora-temas

¡Hola a todos!

        Cada vez que escribo últimamente me pregunto si no será la última antes del examen o si todavía volveré a asomar la cabeza por el blog. Pero, ya véis que al final siempre vuelvo por aquí :)
Y, que conste, no lo hago con motivo del cumpleaños de nuestra Constitución (a eso ya llego con retraso). Ni tampoco para hablar del ya de sobra comentado "Estado de Alarma" con que empezamos el puente (¡sí! ¡El estado de alarma del artículo 116, ese mismo...!)

       No. Lo hago para contaros algo menos comentado y menos sabido (y también bastante menos relevante). Y es que estos días he tenido la gripe




 

Han sido sólo tres días, pero parece que ha pasado un siglo porque con los escalofríos que de pronto se convierten en sudor, la fiebre, el dolor de cabeza y los viajes de la cama al sofá y del sofá a la cama, el tiempo transcurre de forma extraña. 
       Estos días he intentado estudiar. Bueno, para ser exactos, lo intenté los dos primeros días pero ayer, cuando a primera hora de la mañana vi en el termómetro 39.5 ºC, directamente decidí que ni merecía la pena el intento.
      
          Sin embargo, no os lo cuento para que me digáis "uy, pobrecita, la gripe... ¡y justo a un mes del examen! Si es que tienes la negra..." Porque eso ya me lo dije yo suficiente el sábado y el domingo. Os escribo para contaros la parte positiva. Y no me refiero a lo estupendo que es tener un enfermero (hoy convertido ya oficialmente en enfermo) como el que he tenido yo estos últimos días al pie del cañon.    Que eso es ya de por sí positivo, y mucho. Sino a que hoy, al despertarme, milagrosamente, ya no tenía ni un pelín de fiebre. Sigo teniendo tos de tísica (mi hermano dixit) y voz de Manolo (según mi hermana). Pero fiebre ya no.
        Y, con el agobio que, como comprenderéis, me ha supuesto el no poder tocar un libro durante estos días (me subía por las paredes), cuando esta mañana en el termómetro he visto 36.5 ºC, he pensado: "¡tengo que aprovechar, antes de que suba la fiebre!" Y, como no ha subido en todo el día, he estado casi hasta ahora devorando temas. Con mucha más fuerza que antes de la gripe. Así que... al menos, de algo positivo ha servido.
        
         No diré que estos días me han servido para descansar, ni que han sido tiempo libre, porque aún me estoy recuperando y, además, llevo muy mal el reposo forzoso. Pero al menos me han servido para meterme un poco de estrés sano en el cuerpo. Y, ya puestos, que nos quiten lo bailao: seguro que en estos últimos tres días he visto más a mi novio de lo que lo voy a ver en las próximas semanas. Y, para colmo, hemos visto, nada más y nada menos que ¡dos películas! El erizo (creo que era la cuarta vez que la veía) y Hamlet, de Keneth Branagh (esta la vimos ayer a última hora, cuando ya estaba más despejada, porque si no...) :) 


       Ya os contaré, pero espero que aunque desaparezcan la voz de Manolo y la tos de tísica, el ansia-devora-temas post-gripe no se esfume, sino se quede conmigo hasta mitad de enero. Eso sí, de aquí al examen no me puedo permitir otra gripe, por mucha caña que le meta después :)

      
       Bromas aparte, visto cómo han sido los últimos tres días: ¡cuidáos mucho, chicos, que la gripe viene fuerte este invierno! Os aseguro que lo último que podía esperar yo ayer (y menos anteayer) es que hoy iba a poder estudiar y que, encima, me iba a cundir. ¡Si es que los opositores somos raritos...!

¡Un abrazo sin virus y con mucha energía para todos! 


Y, otra vez, GRACIAS... ¡espero que se pase pronto...!


      
miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cuestión de confianza

¡Hola a todos!

Montones de veces durante estas semanas he pensado que me apetecería escribir en el blog, pero no tengo hueco. 

Estoy trabajando bastante duro (con mis días buenos y mis días malos, como es normal). Pero, sobre todo, estoy tratando de luchar contra mí misma. Parece una broma, pero es así. Es increíble hasta qué punto a veces somos capaces de convertirnos en nuestros propios enemigos. 

Durante estos años nunca he cantado un sólo tema delante del tribunal. He ido tres veces al Supremo. Seguro que ya os las sabéis de memoria pero os las cuento de nuevo :)

La primera vez, realmente, iba con muy pocas posibilidades. Saqué las bolas y me levanté.

La segunda vez iba mejor que la primera, pero llevaba algunos temas muy antiguos que sabía que, si salían, directamente no había nada que hacer. Y, de los cinco, me salieron cuatro temas estupendos, de esos que escigerías si te dieran a elegir. Pero el segundo tema era uno de esos que en aquel momento resultaba indefendible. De esos que sabes que, si salen, te levantas. Sé que no podía haber hecho nada con aquel tema, eso lo tengo claro. En aquella situación podía cantar el primer tema y luego retirarme o bien retirarme directamente. Pero es que me fastidió tanto tener cuatro temas tan estupendos y que hubiera uno que no tenía por dónde coger... Que cantar el primer tema (concretamente, el primero de los  temas del Poder Judicial) para luego decir adiós me daba muchísima rabia. Así que me retiré sin más. Y seguramente eso lo hice mal: tenía que haber cantado aquel tema. El resultado hubiera sido el mismo, pero probablemente yo me hubiera sentido mejor.

La tercera vez... ¡a ver qué pasa! No sé cómo voy a llegar al día del examen. No sé si cumpliré mi plan (espero que sí) ni si, aun cumpliéndolo, me sabré los temas suficientemente bien como para aprobar. 

Lo que sí sé es que, si no soy capaz de recuperar (o encontrar) la confianza en mí, volveré a irme con las manos vacías. Porque últimamente (hace ya tiempo) me encuentro muy bloqueada en el momento de cantar. Antes no me ocurría... Pero ahora hace tiempo que sí.

Voy al preparador, él decide qué temas me toca cantar y me hago los esquemas. No sé vosotros pero en los esquemas (además de la estructura del tema y alguna palabreja clave) suelo apuntar el número de los artículos. Pero empiezo a cantar con miedo, convencida de que llegado el momento clave me voy a quedar en blanco. Dudando si, cuando llegue a cada uno de esos números, mi cabeza y mi lengua se coordinarán y seré capaz de recordar el contenido del artículo y cantarlo de corrido, tal y como he sido capaz de hacerlo en casa. Y el miedo no es buen consejero. Bloquea. Y, si empiezo pensando que cuando llegue al artículo X me voy a quedar sin saber que decir, es altamente probable que ocurra. De hecho, artículos que podría cantar sin ningún tipo de duda, que me sé de corrido desde hace años, simplemente no "salen" cuando me encuentro en esa situación de "bloqueo mental".
Otras veces, a pesar del miedo, sí soy capaz de seguir cantando, pero lo hago convencida de que lo que estoy diciendo no es correcto, de que me estoy "inventando" los artículos. Y, lo que en una simple clase, con el preparador, supone simplemente parar el cronómetro y decir "la estoy fastidiando, mejor lo dejamos", ante el tribunal es un "con la venia del Tribunal, quiero retirarme"

Y eso NO puede ser. 

Porque, entre otras cosas, mientras canto no puedo ser objetiva. No puedo saber si "desde fuera" el tema que estoy cantando se ve tan mal como lo veo yo "desde dentro". Pero el hecho es que mientras estoy cantando, cuando las cosas no salen como yo quiero, lo único que veo es que estoy haciendo un auténtico desastre, sea o no verdad. Y lo manifiesto externamente, además de que voy saboteando mi propia exposición. Mi preparador dice que a veces, incluso, se me nota en los gestos, llegando incluso a decir "no" con la cabeza mientras canto el tema y miro mi esquema. Y es que, es un hecho: continúo cantando el tema pero, mientras tanto, me digo a mí misma "lo estás haciendo fatal", en lugar de decirme "¡venga, que estás aguantando como una jabata!".

Y, para colmo, muchas de esas veces, ni siquiera lo estoy haciendo tan mal como a mí me parece. Ayer mismo, cantándole un tema al preparador, lo que yo creía que había sido un artículo "inventado", una auténtica  realmente había sido un precepto dicho con total literalidad. Y, después de vacilar en varias ocasiones, paré el cronómetro y tiré la toalla.

"¡No puedes hacer eso! ¡No puedes levantarte! Cuéntales una milonga si es preciso, sigue aunque sepas que estás metiendo la pata pero ¡NO TE LEVANTES!" Algo así me dijo mi preparador ayer...

 Y me dijo más cosas, claro, porque mi preparador no es de esos que te echan la bronca y se quedan tan anchos. Entre otras cosas, porque sabe que yo misma ya me voy a quedar "flagelándome" bastante después del fracaso y lo último que necesito es que me apedreen más. 

"Tienes que creer en ti (frase repetidísima por mi novio durante los últimos años), has trabajado y tienes derecho a que el Tribunal te escuche. Y tú tienes que jugar a tu favor. No puedes ir al tribunal diciendo "no me lo sé". Al contrario. Tienes que sacar lo mejor de ti, recrearte en las partes del tema que mejor te sabes y pasar de puntillas por aquellas en las que flojeas. Aguantar los cinco temas como sea. Tienes derecho a que te escuchen, tienes que hablar y que hacerlo con la cabeza bien alta. Y, hecho eso, que sean ellos quienes juzguen. Tú no puedes a la vez cantar el tema y juzgar si lo estás haciendo bien o mal. Al contrario. Lo que tienes que hacer desde el momento en que entras por la puerta es representar un papel: el del opositor que domina el programa. No puedes dar otra impresión.
Y, desde luego, no te juzgues a ti misma mientras cantas el tema. No puedes ser Juez y parte simultáneamente. Entre otras cosas, porque no eres imparcial. Y, precisamente tú, tiendes a juzgarte con un rigor que, probablemente, no utilizarías para el resto..."


Todo eso es TAAAAN cierto... Pero... ¿cómo puedo hacer para conseguirlo? Lo de poner cara de poker se me da fatal (todos los que me conocen lo saben). Aun así, eso se puede practicar, supongo.
Pero, lo de aumentar realmente la confianza en mí misma es algo que, de verdad, no sé cómo conseguir. Mi preparador dice que no puedo ir allí con la actitud del que implora clemencia, sino con la actitud del que exige justicia. Entre otras cosas, porque he trabajado duro y me lo merezco, aunque sea por antigüedad :)
¡Y sé que tiene razón! Lo que no sé es cómo conseguirlo. La confianza en uno mismo que va mucho más allá de la oposición en sí. No es algo que se improvise, desde luego. Y tampoco tengo muy claro cómo "trabajarla". 

Pero el caso es que durante la primera época de la oposición no era así. Era capaz de cantar un tema aunque no sintiera que lo estaba dominando; de aguantar hasta el final. Y de cantar con mucha más contundencia y seguridad. Supongo que han sido muchos años de esfuerzo sin fruto. Y eso, al final, hace que pierdas un poco la fe en el resultado e incluso en ti mismo. Esa es mi teoría pero, sea como sea, habrá que romper el círculo, digo yo. 

Hay gente a la que le falta confianza en su capacidad para relacionarese con los demás, hay gente que le falta confianza en su vida laboral... ¡Y hay gente que se cree que es mejor que nadie en cualquier aventura en la que se embarca!
Lo ideal, en mi opinión, es tener una visión lo más realista posible de nosotros mismos. Tenemos que conocer nuestros puntos débiles para tratar de mejorar e incluso, de disimularlos cuando haga falta. Y saber también cuáles son aquellas cosas en las que verdaderamente somos buenos. Aquello  en lo que podemos despuntar. Ser consciente de que valemos. Potenciarlo. Y demostrarlo. 

En fin, seguiremos trabajando en ello. Entre tanto... Lo que sí sé que tengo que poner en práctica en cada tema es lo de "no levantarse", continuar hasta el final aunque salga un desastre de tema. Pero aguantar el culo pegado a la silla caiga quien caiga. (Luisa, ¿no me ibas a regalar tú un tubo de super-glue?) ¿alguna otra sugerencia?

Espero que vosotros estéis bien. Durante estos días ha habido de todo entre los compañeros. Aprobados merecidísimos, de esos que celebras de corazón, casi como si fueran tuyos. Y también algún suspenso de personas que, lo último que yo pensaba, era que fueran a caer en este examen. Desde aquí, otra vez, enhorabuena a los aprobados. ¡Y, otra vez, muchísima fuerza al resto!

Ya seguiré escribiendo. Si desaparezco un poco, no os preocupéis. A lo mejor la semana que viene hay una entrada nueva. Pero con el examen a mes y medio es complicado escribir. Incluso aunque haya mucho que decir.

¡Un abrazo a todos!





lunes, 13 de septiembre de 2010

We can do it!

¡Hola a todos!

¿Cómo estáis? ¿Cómo van los ánimos?

Llevo un mes entero sin escribir, pero es que, de verdad, el verano ha sido de locos y durante las últimas semanas me impuse a mí misma una restricción de uso del ordenador aunque sólo fuera para paliar la pérdida de tiempo ocasionada por tantas otras cosas, y para intentar centrarme al menos un poco más. Entre unas cosas y otras, ha sido uno de los veranos más raros de mi vida.

Ahora, por fin, pasada la boda de mi hermana y la resaca correspondiente (que duró días), puedo decir que estoy de verdad !en el buen camino". Mejor que hace muchísimo tiempo.

Si repaso uno por uno los buenos propósitos de mi última entrada, en plan "Diario de Bridget Jones", problemente terminaría sintiéndome frustrada. Algunos los he cumplido. Otros no he llegado a cumplirlos pero el intento de conseguirlos ha supuesto ya de por sí una mejoría. Y otros, símplemente, se quedaron en eso: en buenos (e incumplidos) propósitos.

Sin embargo, desde mi última entrada hasta ahora, las cosas han seguido cambiando a mejor para mí.

La publicación del calendario de exámenes fue, desde luego, definitiva. Me quedan aproximadamente cuatro meses para el examen, que es más de lo que en principio esperaba. Y eso, después de lo poco que me ha cundido el mes de agosto, ha sido una inyección de moral.
Creo que, en gran medida, gracias a eso he visto por fin que, de verdad, tengo posibilidades de conseguir mi objetivo. Que, claro está, es aprobar la oposición pero, primero, aprobar el segundo examen, que es el que tengo más cerca y requisito sine qua non para pasar el último examen.
El caso es que esta vez, de verdad, creo que puedo conseguirlo y eso me está haciendo subir como la espuma. 

También es verdad que si ahora estoy rindiendo no es, ni mucho menos, gracias a la fecha ni al dichoso calendario de exámenes ni a un momento de inspiración divina. 
Es el fruto (o eso creo yo) de muuuuchos meses de esfuerzo, de caer un día sí y otro también y volver a levantar pese a no tener confianza en mí ni en "el éxito de la misión" y de fracasar una y otra vez en los objetivos propuestos.  Pero el caso es que gracias a no haber tirado la toalla, pese al rendimiento casi nulo de tantos meses, aquí estoy :) 

Y, que conste: eso de "no tirar la toalla" en muchas ocasiones se debe a la tenacidad, a la seguridad de que vamos por el camino correcto. Pero también en algunos momentos se ha debido (al menos en mi caso) a que si no es por el camino que teníamos trazado, no sabemos por dónde tirar. Y, simplemente, seguimos adelante porque es lo menos complicado, no porque seamos unos valientes. Por eso y porque otras personas que están a nuestro alrededor y que nos quieren no nos dejan saltar del barco y huir a nado. Precisamente porque confían mucho más que nosotros en que podamos llegar a buen puerto.

Sea como sea, el caso es que hoy he ido a cantar después de tres días de estudio intenso de verdad. Creía de corazón que no iba a volver a ser capaz de estudiar como estoy estudiando estas últimas semanas. Creía que, si alguna vez aprobaba, si conseguía llegar a la meta, sería arrastrándome y por pura casualidad. Pero que no volvería a verme a mí misma con ilusión estudiando los temas de siempre. Y mucho menos con confianza. No ya en mí, sino en las posibilidades de aprobar. 
Y, vamos, lógicamente, sé que es posible que no apruebe. Pero últimamente, cada vez más, parece que a lo mejor no es tan imposible como parecía. 
Esta vez siento que, de verdad, merece la pena dejarse la piel porque a lo mejor en esta ocasión sí que sirve para algo más que en las ocasiones anteriores. ¡Ojalá sea así!

En cualquier caso, el haber recuperado la ilusión y las ganas que tengo ahora mismo para mí ya supone una alegría tremenda. Durante mucho tiempo mi ánimo había ido decayendo. Por unas cosas o por otras, el caso es que durante demasiado tiempo no ha habido manera de rendir al cien por cien (¡¡¡a veces ni al uno por cien!!!) Y mi ánimo, mi confianza y mi autoestima han ido bajando poco a poco... pero cada vez más profundamente, al fondo de un hoyo del que no creía que fuera capaz de salir. Estaba convencida de que, definitivamente, los seis años de oposición habían quemado mis ganas, mi espíritu y mi capacidad de concentración. Pero resulta que no... porque mi ritmo en los últimos meses ha ido aumentando poquito a poco y ahora noto que, por fin, soy cada vez más "yo"

Así que, si alguien se ha sentido así en algún momento (que me consta que sí), que piense que ahí debajo de toda esa apatía, de toda esa falta de entusiasmo sigue estando lo mejor de nosotros mismos, que conservamos todas nuestras aptitudes, a las cuales hemos de sumar, además, la experiencia de estos años que no puede haber caído en saco roto, aunque a veces nos parezca que este tiempo no ha supuesto más que puro desgaste de nuestras mejores cualidades.

Ayer se lo decía a mi novio: creía que no iba a volver a ser capaz de estudiar como estoy estudiando ahora. Me contestó que él confiaba plenamente en mí y en que lo conseguiría, que no le cabía ninguna duda de que podía hacerlo. Y (como ya me ha dicho millones de veces), que estaba convencido de que en el momento en que yo confiase también en mí, aprobaría la oposición.

Desde luego, no sé si este cambio de ánimo me conducirá a un resultado distinto del que he obtenido hasta ahora. Pero lo que sí sé es que este cambio no es fruto de un subidón post-cante, sino que se ha ido produciendo paulatinamente. Y, pase lo que pase, por lo menos ahora me siento bien. Encuentro sentido a cada día y tengo ilusión por cumplir el plan. Y, si bien es cierto que eso simplemente no es garantía del éxito, estoy convencida de que con esa moral tengo más probabilidades de llegar a buen puerto. Y si, aun así, no llego, tendré la tranquilidad de haber puesto toda la carne en el asador.

Hace unos días me llegó un póster que encargué por internet. Es una copia de un cartel de 1942 que hizo un ilustrador norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial, motivando a las mujeres a trabajar en las fábricas ante la escasez de hombres, que se encontraban en el frente. Yo esto no lo sabía, lo averigüé hace poco. Hasta ahora, para mí esa imagen no era más que el avatar de una compañera (Loira) del foro (si no me equivoco, acaba de empezar en la Escuela Judicial).  Y esa imagen me recordaba a ella, a su fortaleza y a su tesón, que siempre he admirado.
La imagen en cuestión, por lo visto, terminó por convertirse en un icono feminista, aunque no es por eso por lo que compré el póster y por lo que decidí colgarlo en la pared en la habitación donde estudio. Después de todo lo que os he dicho ya, tampoco hace falta explicar mucho más, ¿no?




¡Muchísimo ánimo a todos! ¡Un abrazo y que no decaiga!



lunes, 2 de agosto de 2010

Soltar lastre y coger impulso

¡Hola a todos!

¿Cómo estáis? Después de casi un mes, aquí estoy de nuevo.

Perdonad (otra vez) por la desaparición, pero es que, entre unas cosas y otras, he estado completamente desconectada del blog (del mío y de los vuestros también), pero iré poniéndome al día :)

El último mes ha sido un mes "raro". Se me ha pasado rápido, pero al mismo tiempo, como han ido pasando muchas cosas, parece que hace muchísimo tiempo desde que hicimos el test.

El estudio ha ido cada vez mejor, podemos decir que ha ido in crescendo, al igual que mi motivación, pero, al mismo tiempo, no he llegado a alcanzar el rendimiento que necesito porque he tenido bastantes distracciones: mi hermana se casa dentro de tres semanas y, claro, es inevitable. El fin de semana pasado celebramos su despedida y, aunque no pude hacer todo lo que me hubiera gustado, inevitablemente me vi envuelta en toda la organización. Y, claro, ¡es que yo misma quería participar!

¡Pero esto no puede ser! Pasada la despedida, hasta la boda no tengo más remedio que quedarme fuera de los preparativos, discusiones y conversaciones sobre el tema... ¡Porque tengo que estudiar!

Tengo que estudiar y, además, tengo que hacerlo A MUERTE. Tengo ganas de dar el 110% y de llegar con el temario machacado al primer oral. Porque, evidentemente, no sé cómo saldrán las cosas. Pero en esta ocasión, por primera vez, aunque sea remotamente, siento que puedo conseguirlo. Probablemente porque, más que nunca DEBO conseguirlo porque, prácticamente puede decirse que no me queda más remedio. Porque, como ya escribí, no puedo decir que esta convocatoria sea mi última oportunidad... ¡PERO CASI! :) Así que hay que apretar los dientes y echar toda la carne en el asador. Cueste lo que cueste.

Me encantaría tener mes y medio más respecto de la fecha que, según calculo, me puede tocar el examen. Pero nunca se sabe... Y a lo mejor ese mes y medio de más para el segundo oral resulta decisivo. Así que tampoco me quejo.

En cualquier caso, desde ya,  hay varias pautas que necesito poner en práctica, porque son las cosas en las que estoy fallando más y las que necesito mejorar para reforzar mis puntos más débiles:

1. Mantenerme un poco al margen de la vida familiar durante las próximas semanas porque, aunque apetezca participar, y más viendo a todos los hermanos de vacaciones, es momento de AISLARME y CONCENTRARME al máximo en el objetivo. Cuando llegue la boda de mi hermana, ese fin de semana desconectaré y lo disfrutaré, pero hasta entonces no hay otro remedio que desconectar.

2. Cumplir a rajatabla el HORARIO y, sobre todo, cumplir con las horas mínimas de sueño (normalmente nunca encuentro momento para apagar la luz y dormirme y la falta de sueño pasa factura y merma el rendimiento del día siguiente.

3. Encontrar un rato al día para HACER DEPORTE O SALIR AL AIRE LIBRE (al final nunca es una pérdida de tiempo porque despeja la mente y, ahora que todavía no estoy encima del examen, es el momento de recuperar esta rutina para llegar con fuerzas físicas y sobre todo mentales al examen.

4. NO PERMITIR QUE LA MENTE "VUELE" a ninguna otra cosa durante el tiempo de estudio, para lo cual sé que necesito tres cosas:
- Auto-limitarme el uso de internet, restringiéndolo casi absolutamente al tiempo de "no estudio"
- Mantener el móvil en silencio(o incluso apagado) durante la jornada y
- Recuperar el sistema de los dos cronómetros (es decir, usar, como siempre uso, uno para cronometrar los temas mientras los canto pero, además, otro para calcular el tiempo de estudio real del día: lo pongo en marcha cuando empiezo a estudiar y, si paro para lo que sea, aunque sea para ir al baño, tengo que parar también el crono, para volver a ponerlo en marcha cuando retome el estudio). Sé que suena un poco "obsesivo", pero creo que ya os dije en una ocasión que a mí me resulta muy útil para estudiar todo el tiempo con presión y ser consciente de la necesidad de aprovechar cada minuto.

5. Por último y sobre todo NO FALLAR A LOS CANTES. Sara lo decía en su entrada: cada una de las clases es una gotita que va sumando... y hay que cuidar cada una de ellas. Este es mi punto más débil, y el que más necesito reforzar, entre otras cosas, para aumentar la confianza en mí misma. Necesito conseguirlo más que ninguna otra cosa.

Sé que cumpliendo con esas cosas en la medida de lo posible mi rendimiento subirá como la espuma... Así que, desde ya, me comprometo a poner los medios para llegar a ese 110%, para sentir que estoy dando todo lo que soy capaz de dar. Ya os iré contando pero, si no lo cumplo... ¡podéis darme un tirón de orejas! (lo digo en serio, ¿eh?)

¿Cómo váis vosotros? Espero que con mucho ánimo y con muchas ganas. ¡Que no decaiga, chicos!
 ¡Que ésta tiene que ser la nuestra!

¡Un beso grande a todos y muchísima fuerza!
sábado, 3 de julio de 2010

Una gotita de agua en la mar

Disposición 4185 del BOE núm. 63 de 2010 ¡Hola a todos!  

Me llamo Sara. He estado 9 años opositando hasta que, finalmente, he conseguido, hace unas semanas, aprobar todas las pruebas selectivas de acceso a las Carreras Judicial y Fiscal.

Pichús me ha sugerido que, si me apetecía, escribiese unas palabritas para su blog... ¡Y aquí están!

No sé si podría haber apretado más el estudio en estos años, pero de lo que no tengo duda es de que no renunciaría a haber vivido menos. Y, desde luego, no me arrepiento de las experiencias que he ido viviendo y que me han hecho ser la persona que soy hoy.


Entre todas esas experiencias que os decía, hay que incluir que, cuando llevaba seis años y pico, tras haber llegado al último ejercicio, decidí dejar las oposiciones, pues consideré que mi destino estaba en otro lugar y que mis facultades opositoras ya no se desenvolvían con la misma plenitud. En cinco semanas, y tras echar muchísimos currículum, conseguí un empleo en otra ciudad.
Y allá que me fui... Conocer a gente nueva, a personas que siquiera habían tenido opción de luchar por sus sueños, me hizo sentirme responsable de mi situación y fraguar un plan. No estaba dispuesta a que con un sueldo compraran mi tiempo (8 horas diarias) haciendo algo que, realmente, no era mi ilusión en la vida. Así, en menos de un año,  y a la par que trabajaba, volví a presentarme al test. Y, como lo superé, decidí volver, apretar los dientes un par de años y, finalmente, conseguir lo que he conseguido.

Me gustaría transmitiros mis sensaciones. Qué ha supuesto opositar para mí, después de mi último paso por el Supremo, hace muy poco, (donde conseguí aprobar el último examen, el tercero, con ejecuciones hipotecarias y uno de los temas de Marítimo incluídos en el lote...) ¡Quién me hubiera dicho a mí hace un tiempo que sería capaz de sobreponerme a unos temas como estos y a aprobar!

Empecemos por el principio...


EL AUTOSABOTAJE
Cuando se nos echan los años encima, cuando sin entender muy bien por qué se nos atraganta el test, o el oral, y no acabamos de dar con la tecla... es cuando nos toca sufrir y buscar soluciones


-       Que nunca os tiemble el pulso si tenéis que cambiaros a otro preparador que sí os escuche dar los temas (en vez de adelantar trabajo), o se preocupe por vuestro estado anímico, o sea preciso y no os deje pasar una...
-       Que no os tiemble el pulso si os agobia estudiar en el mismo cuarto de siempre. Buscad vuestro espacio en bibliotecas, en otras habitaciones... Yo durante una época me llegué a bajar a diario 3 o 4 horas a un parque cercano a mi casa con los temarios recién impresos para subrayar "como si fuesen temas nuevos." Conseguí en un mes avanzar lo que hubiera tardado casi tres.
-       Que no os tiemble el pulso si necesitáis explicar a vuestra familia que de verdad deseáis seguir estudiando, o a vuestro novio o novia que vosotros no sois un ser escindido del opositor que tiene ante sus ojos. Explicadles que ese opositor es vuestra esencia, pues las emociones e ilusiones son nuestra esencia (al fin y al cabo al opositar nos dejamos llevar por nuestro corazón!)  y que si no ama al que oposita... mejor que cada uno marche por su lado.

Todo esto es una maravilla, es luchar, es vivir... ¡y no es autosabotaje!

-       Autosabotaje es decirse a uno mismo por las mañanas "nunca lo voy a lograr." ¿Y tú qué sabes? ¿No estás estudiando acaso?
-       Autosabotaje es no disfrutar de los momentos de descanso porque dejaste un tema a medio estudiar. La próxima vez estudia más concentrado, que el estudio es sagrado pero chafar el ocio por el estudio es tan imperdonable como lo contrario.  
-       Autosabotaje es verte repentinamente en un espejo y verte feo, desmejorado, perdedor... ¡Hazme el favor de salir de la burbuja y dejar de fustigarte! Si te pasas la vida encerrado es normal tener mala cara. No eres ningún perdedor, lo que eres es un gladiador, un luchador. Y, como ellos, tienes en tu piel la marca de las espadas (en este caso, de las horas de estudio,  desvelos, madrugones, nervios...).

No seas tu propio enemigo, nadie mejor que tú se conoce y nadie mejor que tú sabe dónde hacerte daño, ahí donde duele. Cuando estos pensamientos hagan mella, llama a ese amigo, familiar (o psicólogo si lo precisas), llama, grita, pero no te quedes callado. Muévete. Actúa. No al autosabotaje.


Una vez tenemos identificado y acorralado al autosabotaje y que nos hemos comprometido a cambiar lo que no nos funciona en las opos... lo siguiente es:


LAS MOTIVACIONES: ¿Por qué decidiste opositar?
¿Tal vez viste en la televisión alguna operación antidroga importante?
¿Eras fan de Ally Mac Beal?
¿Adorabas la serie “Juzgado de Guardia”?
¿Deseabas trabajar en "algo importante"?
¿En tu familia sois todos juristas?
¿Disfrutabas cuando en las películas made in USA el fiscal se dirige al jurado y suelta la parrafada…?

Es bueno recordarse a uno mismo por qué decidió meterse en esta lucha opositora. Al fin y al cabo, opositar puede ser una gran epopeya. Si piensas en “El Señor de los Anillos” me entenderás seguro:
El opositor es Frodo, el temario es el anillo, que le va consumiendo la energía... y Sauron es el miedo interior que tenemos al fracaso. Hasta que un día conseguimos llegar al Monte del Destino, defender el último examen y aprobar. ¡Y se acabó todo! Se acabó. Existe el final.

Disculpad, centro el tema: Como decía, es bueno recordarnos a nosotros mismos qué fue lo que nos llevó a estudiar, por qué seguimos en ello. Hemos de sentirnos Jueces-Fiscales-Secretarios y dar a conocer a los demás nuestra motivación.

Perdámosle el miedo a decir en alta voz a nuestros seres queridos: "esta vez voy mejor preparada que nunca al test" o "creo que en el oral próximo voy a conseguir llevarlo casi todo y voy a dar la impresión al Tribunal de que soy, de que me siento, fiscal, y me van a tener que aprobar".
Cambiemos la rutina de decir "voy fatal" "no me acuerdo de nada". Pensar en negativo se acaba materializando, y tus motivaciones no son "no aprobar en la vida", ¿verdad?

Coge el timón y pon rumbo a tus motivaciones.
 


Piensa que vas a estar justo donde quieres y que no te tiemble el pulso... (si te tiembla, es que te estás autosaboteando, así que léete el párrafo de antes, Ok?)  Ahora, vuelves a intentar manejar el timón por ti mismo. Nadie dijo que no cueste, que no haya que llorar, que no haya que estudiar muchísimo... Pero es que es lo que has elegido, son tus motivaciones.
¡¡¡Nunca pierdas de vista a tus motivaciones!!!

Y finalmente, tras superar los autosabotajes y fijar tu estación de llegada en el punto en que están tus motivaciones, llega el último paso:



TU DESTINO
El Destino (si eres creyente, la Providencia), consiste (explicado en plan "mis propias palabras") en creer que una Fuerza/Ente/Ser externo ajeno a nosotros puede tener poder decisorio en nuestros éxitos y fracasos...
Si no crees en él o en ella, no hace falta que leas esto último, porque si no te autosaboteas y marcas firmemente el rumbo a tus motivaciones, puedes llegar a buen puerto exactamente igual. Pero si, en cambio, crees en el Destino, continúa leyendo para cerrar el círculo de este post.

El Destino puede suponer tener en último término el consuelo reparador de que, aunque nos vaya mal ahora... finalmente, algún año nos tocarán los temas precisos y aprobaremos. Pero no es ésta la acepción de Destino que creo que los opositores debemos concebir. La nuestra ha de ser una acepción dinámica, in fieri, dependiente de nuestro trabajo diario.

Destrascendentalicemos por un momento. Dejemos de pensar en aprobar la oposición: pensemos en aprobar cada examen. Luego, en cumplir a tiempo cada vuelta al temario. Finalmente, pensemos en cumplir el plan quincenal. Más aún: centrémonos exclusivamente en cumplir el plan de cada clase. ¿Realmente es tan, tan difícil ponerse serios y cumplir clase a clase?
Yo, de corazón, creo que no. Lo difícil es pensar en aprobar la oposición pero, clase a clase, la tarea es más llevadera, creo. Cada clase es una gotita de agua en la mar que construirá nuestro aprobado. ¡Cuida tus gotitas! ¡Súmalas!
 

Y, hecho eso, que el Destino juegue sus cartas. Si día a día vas intentando cumplir con la mayor honestidad, ten por seguro que, aunque tu Destino sea abandonar un día sin conseguir el aprobado final porque decidas ser feliz haciendo otra cosa, no sentirás haber perdido nada. Más bien, verás que, allá fuera, en el mundo real no opositor, el ex-opositor tiene una templanza para los problemas fuera de lo común. 
A mí me pasó cuando dejé las oposiciones definitavamente -eso decía y pensaba- y me puse a trabajar. Y, cuando surgían problemas, pensaba... "miedo se pasa en el Supremo, ¡esto no es nada!"

Puede que nuestro Destino no sea aprobar pero, indudablemente, sí que es luchar. Morir matando. Ser felices de sentirnos unos gladiadores de la vida, unos románticos empedernidos en pos de un sueño laboral. Unos William Wallace a la carga en inferioridad, unos espartanos defendiendo las Termópilas sabiendo que la derrota será cuestión de tiempo.

Nuestro Destino es elegir el camino difícil, el pedregoso... porque el camino llano lleva a un lago que no está mal... pero el pedregoso lleva a la Gloria (bueno, o eso creemos, como idea es bonita, creo).

Y la gracia es que un día hace todo "¡plas!". Y apruebas. Y se acaba todo. Y te das cuenta que la vida sigue y que no has llegado, ni mucho menos, al final. Aunque en tu vida sí que sabes que la lección de la constancia, el tesón y el no desfallecer sí que la has aprendido.




Eso sí, un último apunte: no permitas que tu vida sea la vida de otros. Si estás en esta lucha por dar el gusto a tu familia, o a tu pareja... ¡no es tu Destino! En ese caso, cuanto antes, da un golpe de timón, fija tus motivaciones ¡y... a por tu Destino real!



Ojalá mis palabras puedan servir a alguien. Son sólo mis opiniones, eso sí, matizables seguro y mejorables también!

Un gran abrazo para todos de Sara


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Pichús
Durante los últimos años, OPOSITORA A JUDICATURAS (¡ojalá que por poco tiempo!). Pero en los ratos libres intento seguir siendo YO.
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"Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el baston. ¡Pero nunca te detengas!" (Teresa de Calcuta)


"A la larga el éxito es más fácil que el fracaso. Sencillamente, consiste en saber lo que se quiere, en saber hacerlo y en tener la persistencia y la determinación de lograrlo" (B. Bailey)


"Si puedes soñarlo, puedes hacerlo" (Walt Disney)


"Si piensas que puedes, tienes razón y si piensas que no puedes, también tienes razón."


"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños" (Eleanor Roosvelt)


"El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntemos demasiado alto y no demos en el blanco, sino que apuntemos demasiado bajo y acertemos" (Miguel Ángel)


"No podemos descubrir nuevos océanos a menos que tengamos el coraje suficiente para perder de vista la costa" (Anónimo)


"Los muros existen por alguna razón. Y no es para mantenernos fuera, sino para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto queremos algo. Y para frenar a quienes no lo desean suficientemente." (Randy Pausch)

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