viernes, 14 de mayo de 2010

Tarta de queso y mermelada de fresa

     Hoy es mi tarde libre y, puesto que me propuse en su momento que este rincón virtual no estaría dedicado única y exclusivamente a la oposición, sino que estaría a medio camino entre la oposición y el resto de cosas que me gustan o me interesan, hoy voy a compartir algo diferente con vosotros: la merienda.

     Creo que ya os comenté que mi hermana pequeña es cocinera. No digo que sea aficionada a la cocina, no... Estudió Hostelería y Restauración, luego se fue al Cordon Bleu de París y ahora está haciendo un curso de sumiller en Madrid y trabajando en un hotel. Vamos, que la tía es una profesional de la cocina.

     Yo, evidentemente, no puedo competir con ella. Sin embargo, cocinar es algo que me ha encantado desde siempre. Estaba en tercero o cuarto de EGB y me encantaba quedar con alguna amiga los viernes por la tarde para experimentar haciendo bizcochos y pastitas que a menudo resultaban incomestibles  pero que nuestros sufridos padres alababan y se comían hasta el final... :)

     Después, durante muchos años he cocinado bastante mientras vivía en casa de mis padres. A veces cocina "del día a día" y a veces cocina "por placer". 
     Actualmente, por cuestión de tiempo, me limito casi exclusivamente a la cocina "de supervivencia", que no es ni siquiera "cocina del día a día", sino que está varios escalones por debajo y comprende todo aquello que no requiera más de diez minutos de preparación. A la escasez de tiempo se une la escasez de medios: vivo en una casa estupenda, pero una casa MUY antigua con una cocina que no es de leña, pero poco le falta. Uno de los fogones me lo "clausuraron" cuando vinieron a hacer la inspección periódica del gas porque no estaba en condiciones. Y los otros... ¡ya veremos qué pasa cuando vuelvan a visitarme, porque me veo sin cocina al paso que vamos! :) En cuanto al horno (es también a gas, es un "todo en uno", junto con la encimera), no se puede graduar la potencia. Puedes elegir si quieres encenderlo de arriba o de abajo, pero no simultáneamente arriba y abajo. ¡Vamos, que entre una cosa y otra se quitan las ganas de cocinar! Entre otras cosas, porque el resultado final siempre es bastante incierto.

     Aun así, siempre que puedo aprovecho y trato de hacer alguna cosilla. Hace poco le sugerí a mi hermana que, para obligarnos a cocinar las dos hiciésemos un blog de cocina, escribiendo cada una una entrada una vez a la semana. Porque ella, evidentemente, cocina, pero lo hace casi siempre en el trabajo y cuando llega a casa no encuentra momento de cocinar por placer.  Y pensamos que si hacíamos juntas lo del blog, así las dos nos obligábamos un poco a practicar la "cocina por placer", que a ambas nos encanta pero que tenemos casi olvidada. El blog, sin embargo, continúa por inaugurar...

     En las últimas semanas, sin embargo, he tenido varias ocasiones en que, por una razón o por otra, he tenido que cocinar alguna cosa fuera de lo habitual. Y, precisamente, como hoy tengo una merienda-cena en casa de una amiga, ayer aproveché y preparé una tarta de queso que últimamente se ha convertido en mi postre estrella porque es rápido, está rico y se adapta a mi precariedad de medios, porque no requiere ningún tipo de cocción: 

La tarta (fría) de queso con mermelada de fresa.

Os cuento la receta con detalle, por si a alguno os apetece probar. 

Los ingredientes son
- 400 gramos de galletas (yo uso galletas tipo Digestive)
- 250 gramos de mantequilla
- 1/2 litro de nata líquida
- Una tarrina de queso Philadelphia 
- Medio vaso de azúcar
- 6 placas de gelatina
- Un tarro de mermelada de fresa


1. En primer lugar, triturad las galletas. Podéis hacerlo con una maza y un mortero o de la forma que más fácil os resulte, lo importante es que queden bien picaditas. Hechas migas literalmente. Ésta es la parte más aburrida para mi gusto, aunque mucha complicación no tiene.


2. Derretid la mantequilla en el microondas e id mezclándola con la galleta triturada, de forma que la galleta empape bien la mantequilla y vaya formando una masa lo más uniforme posible. Si es necesario, pasad la masa por la batidora para que los trozos de galleta pasen desapercibidos y formen una masa lo más homogénea posible con la mantequilla.

3. En un molde desmontable untado con mantequilla cubrid el fondo con la masa de galleta y mantequilla, que será la base de la tarta.

4. Coged las láminas de gelatina e introducidlas en una cacerola con un dedo de agua fría. Dejadlas ahí mientras chupan el agua y se van hinchando. Por ahora mantenedlas en agua fría, no las pongáis al fuego. 
La gelatina puede ser, por ejemplo, como ésta:


5. Batid muy ligeramente la nata con la batidora. Añadid el queso y seguid batiendo y, después, poco a poco, el azúcar.

6. Sacad las láminas de gelatina del agua una vez se hayan hinchado, escurridlas un poco y reservarlas. Tendrán un aspecto más o menos parecido a éste:


     Podéis poner la misma cacerola al fuego con muy poquita agua, la mínima para que sea posible disolverlas. Una vez caliente el agua (no hace falta que llegue a hervir), apartadla del fuego e introducid las láminas de gelatina y deshacedlas dando vueltas con una cuchara o una espátula de madera. 

7. Una vez diluída, id añadiendo a la cacerola con la gelatina (NO AL REVÉS) la crema de nata, queso y azúcar. Añadidla poco a poco y sin dejar de dar vueltas con la cuchara de madera, para que se mezcle bien con la gelatina diluída. 

8. Una vez mezclada, llenad con la masa el molde desmontable, sobre la base de galleta que ya habéis puesto y metedlo en la nevera.


9. Cuando lleve un par de horas y haya empezado a solidificarse podéis cubrir la superficie de la tarta con una capa generosa de mermelada de fresa o de arándanos, o de moras o de lo que os apetezca... Yo he puesto un bote entero y ha sido de mermelada de fresa.



      Si no os apetece que queden trocitos de fresa o pepitas, podéis pasar la mermelada por un colador, de manera que quede una textura más fina, pero es cuestión de gustos y muchos a lo mejor preferís precisamente que "se noten" los trocitos de fruta.


10. Volved a meter en la nevera y mantenedla ahí durante varias horas más.

     Cuando vayáis a tomar la tarta, antes de desmoldarla, podéis pasar un cuchillo por la pared del molde, para aseguraros de que la tarta no se queda adherida. Así cuando abráis el molde sabéis seguro que no se os va a ir detrás un trozo de tarta. En cualquier caso, no tengáis prisa: cuanto más cuajada quede la tarta, mejor. Vale la pena hacerla con antelación suficiente o bien esperar un poco antes de atacar.


     Yo la mía la hice ayer, pero es para una merienda-cena que tengo dentro de un rato casa de una amiga. Si puedo, haré alguna foto de la tarta cuando esté cortada. Si no, tendréis que conformaros con fiaros de mi palabra: tiene una pinta buenísima... ;)

     ¿A vosotros os gusta cocinar? Desde luego, si os gusta la tarta de queso, probad con ésta. Es muy fácil de hacer y muy resultona para cualquier ocasión. Ya me contaréis si os animáis :)

domingo, 9 de mayo de 2010

Empieza la cuenta atrás


¡Hola a todos!
Hacía mucho que no actualizaba. La verdad es que no ha sido una buena época y no tenía muchas ganas de escribir. Pero no abro esta entrada precisamente para quejarme, sino para contaros que el saber ya la fecha del test y que se haya adelantado un poco respecto a años anteriores ha sido para mí como un jarro de agua fría. Y no lo digo en mal plan o, al menos, no del todo. Quiero decir que, por una parte, cuando lo leí se me hizo automáticamente un nudo en el estómago y me entró un agobio tremendo. Pero, por otro lado, también pensé: “al menos ya no perderé ni un día más… porque ya no queda tiempo que perder.” 

Estos meses han pasado volando sin conseguir centrarme debidamente. He hecho las cosas al contrario de cómo debería haberlas hecho. Parecía que el examen nunca iba a llegar. Y de pronto, así, sin más, resulta que falta poco más de un mes. Necesitaba que algo me hiciera espabilar de una vez. Sólo espero que no sea tarde.


El tiempo perdido no se recupera, por mucho que corras después. Es tiempo que ha pasado y ya no vuelve. Y, por mucho que estudie ahora, el tiempo pasado, pasado está. Pero tengo que aprovechar al máximo el que me queda. Voy a tener que meter una caña impresionante porque voy mucho más justa de tiempo de lo que debería ir para este examen. Pero para mí ha sido más que positivo que haya salido ya la fecha. Y, probablemente, también sea positivo que se haya adelantado, porque si en vez de adelantarse se hubiera atrasado, tendría un motivo más para dormirme en los laureles y confiarme un poco más si cabe. Necesitaba un empujón... algo que me hiciese reaccionar.


Sinceramente: ahora mismo estoy un poco asustada. Pero tengo que confiar en que volveré a aprobar este examen. Lo he hecho ya dos veces y tengo que hacerlo también esta vez. No puedo admitir otra opción. Éste tiene que ser mi año. Tiene que serlo. No voy a decir que sea mi última oportunidad… pero casi. Y, desde luego, hoy por hoy no puedo plantearme más que eso: sacar la plaza dentro de un año. Y ese camino empieza por aprobar el test EL 20 DE JUNIO.

El tiempo pasado y perdido ya no vuelve, así que de nada sirve lamentarse. Lo que sí sirve es aprovechar el presente. Una vez más me lo repito: “la vida es un constante volver a empezar.”  Durante estos meses he perdido mucho tiempo, he pensado demasiado, he estado agobiada y lo he pasado mal. Me he jugado a mí misma una mala pasada. Pero ya está bien: no hay tiempo que perder en lamentos ni en darle vueltas a cosas que, como me decía Carteles17, no llevan a ningún lado. Empieza la cuenta atrás y merece la pena apretar los dientes y mirar hacia delante.

Ojalá tuviera la convicción de que puedo con ello, con el test en junio y con los orales después. Si tuviese esa confianza sería capaz de cualquier cosa, supongo.

Y, por cierto, si hay algo que ayuda a lograr esa confianza (al menos en parte) es ver cómo van aprobando otros compañeros, cómo aprueba gente que ha pasado por situaciones semejantes a la nuestra. En el foro estos días ha habido muy buenas noticias. El caso de SlateGull, por ejemplo, es de los que de verdad motivan, a la vez que despiertan admiración (¡¡ENHORABUENA!!). Y hace unos días supe de otro chico que, después de unos nueve años ha conseguido por primera vez aprobar el primer oral y lo ha hecho con una notaza. Su propia familia había perdido la confianza, pensaban, aunque no lo decían, que debía abandonar. Pero ahora, con este aprobado y esta nota, según él, le ha cambiado la vida.

Me gustaría confiar mucho más en mí misma, pero, por lo menos, lo que sí puedo deciros es que he reaccionado. Que volver a sentir el nudo en el estómago que todos sentimos cuando vemos que el examen se acerca ha sido bueno para mí, aunque ahora me encuentre “atacada”. ¡Pero es que ya era hora de estar “atacada”!

¡Muchísimo, muchísimo ánimo  a todos los que vais al último ejercicio! ¡Pero también a todos los que vais al test! Esta convocatoria promete y la tenemos que aprovechar. Tiene que ser la nuestra. Los que estéis convencidos de ello, seguid adelante con paso firme. Los que no tengáis tanta confianza, seguid adelante, pensando sólo en el paso siguiente, en avanzar todo lo posible cada día, en ir cubriendo pequeñas etapas, cada cante, cada semana y cada examen. Si vamos logrando los objetivos más próximos y luchamos por ellos con coraje, cuando menos nos demos cuenta estaremos tocando la meta con la punta de los dedos y sabremos de verdad de todo lo que somos capaces, que suele ser mucho más de lo que creemos.

¡Empieza la cuenta atrás y el primer round ya tiene fecha!  ¡Así que a por ello!

¡Un abrazo a todos! ¡Y mucho ánimooooo!

jueves, 8 de abril de 2010

Never give up

La verdad es que llevo una temporada ya muy larga en la que no consigo rendir. No avanzo, no puedo. Y lo intento, no es por falta de ganas. Pero cuando no ha sido por una cosa, ha sido por otra. Y, aunque no he estado desanimada en ningún momento, anteayer, así, sin más, cambió mi estado de ánimo.

No pasó nada en especial. No me fue bien la mañana de estudio. Y la tarde tampoco, porque me había quedado chafada por la mañana (la pescadilla que se muerde la cola: no me cunde, así que me desanimo... así que aún me cunde menos y aún me desanimo más...) De manera que por la tarde, me fue peor. Y ayer ya fue completamente desastroso.

Cuando estoy así, la verdad es que no soy capaz de expresarlo. No soy capaz de hablarlo con mi preparador, ni mi novio ni con nadie. Y no por falta de disponibilidad por parte de todos ellos. Al contrario. Soy yo quien, literalmente, se aisla, no cuento nada, no digo nada. Incluso dejo de ir a cantar. Y no porque piense que el preparador me va a echar una bronca. Al contrario. Si fuese en esas circunstancias a hablar con él sólo me tranquilizaría y me haría sentir mejor. Pero soy tan idiota que no voy. Siento que, si expreso mi agobio, si transmito a los demás mi preocupación por el hecho de que desde hace meses las cosas no van como deben, entonces la ansiedad aumentará todavía más. Y, aunque no siempre sea así, aunque a menudo el hablar las cosas sea para bien, eso es lo que siento cuando estoy verdaderamente agobiada. Por alguna extraña razón, me hago creer a mí misma que, si no lo cuento, desaparecerá. Al decir "estoy mal", parece que todo cobra una mayor entidad. Se vuelve más real. Y, aunque todos los que me tienen cerca y me conocen pueden intuir en mayor o menor medida que estoy pasándolo mal, consigo hacerme creer a mí misma, que es algo que sólo sé yo. Y que conseguiré solucionarlo antes de que nadie lo perciba. Es absurdo, lo sé. Es un mecanismo de evitación, de negación, supongo. Algo así como, "si no lo ve nadie, consigo que no sea real." No es por ocultarlo ni por mentir, sino simplemente para evitar agobiarme, supongo.

Anoche, sin embargo, ya no podía más. Me había pasado gran parte del día sin estudiar, pero también sin ganas de hacer ninguna otra cosa. Mi novio me propuso salir a dar una vuelta, ir al cine, ver una película en casa. Se sentó conmigo e intentó hablar, pero yo no tenía ganas de nada. Terminamos de cenar y me metí en internet a pasar el rato. No suelo "encerrarme" así en mí misma. Por lo menos, no tanto. Pero así es como estaban las cosas. 

Finalmente, ya a la hora de dormir, se lo dije: "no quiero hablar largo y tendido del tema, pero estoy mal. No consigo rendir." Al decirlo, la ansiedad aumentó. Me encontré, de pronto, diciendo en voz alta lo que durante los últimos días (más bien la última temporada) me había estado evitando decir a mí misma, pero estaba ahí, y pesaba como una losa: durante estos meses no me ha faltado la motivación, ni las ganas ni la ilusión. Pero a lo mejor he llegado al final del camino porque, aun con todo eso, no he sido capaz de recuperar el ritmo. A lo mejor es que ya no puedo más, que ya estoy quemada y, por mucho que lo intente, no voy a poder avanzar.

Entonces, mi novio me dijo lo que siempre me dice, pero que es totalmente cierto: lo tengo todo a mi favor. Es verdad: me podía haber cundido más durante todos estos años. Hay mil cosas que podría haber hecho mejor. Y (¿por qué no?) también podría haber tenido más suerte. Sin embargo, tengo muchísimas cosas a mi favor, el apoyo de todos los que me rodean, la posibilidad material de seguir adelante y, encima, una convocatoria capaz de resucitar a un muerto.


No voy a decir que sus palabras, de pronto, me hicieran ver la luz y me reanimasen milagrosamente, porque no es así. De hecho, llegó un momento en que respondí bruscamente y le corté, porque no quería seguir hablando del tema. Ya habíamos dicho los dos más de lo que yo quería oir y más de lo que quería escuchar también. 

Sin embargo, sí que me ayudó a pensar durante las horas siguientes y a darme cuenta, una vez más, de que no puedo abandonar. Ahora mismo, por lo menos, no puedo hacerlo.

Ahora, pensando en todo lo que me dijo, me doy cuenta de que tiene razón: no hay nada que quiera hacer tanto como esto. No estoy opositando en búsqueda de seguridad y de un trabajo cualquiera. No oposito "para ser funcionaria". Es verdad, lo del sueldo seguro para toda la vida es un punto a favor, pero si estuviese aquí sólo por eso renunciaría YA. Lo que yo quiero es ser juez o fiscal. Es por eso que estoy aquí. Es verdad que en este tiempo podría haber llegado más lejos, pero he pasado por muchas cosas y me ha costado mucho llegar hasta aquí. Y no me puedo rendir ahora.

Es verdad, lo tengo todo a mi favor. Y ahora mismo es momento de luchar, no de rendirse. Creo que nunca me he rendido en nada que verdaderamente me importase. Eso no significa que lo haya conseguido todo, ni mucho menos. Pero cuando no lo he conseguido no ha sido por falta de intentos. Y tengo que intentar sacar fuerzas de donde sea para luchar por otro intento más. No puedo dejar pasar la oportunidad mientras piense que tal vez me quedan fuerzas para alcanzar mi objetivo y me quede ilusión por alcanzarlo. 

Evidentemente, tampoco hay que darse coscorrones contra la pared. No se trata de seguir, simplemente por no bajarse del burro, por no renunciar, cuando es evidente que ya no hay probabilidades de éxito. Y si llego al convencimiento de que no tiene sentido seguir, lo dejaré. Pero por ahora sí tiene sentido, o yo lo siento así.

Tengo razones de sobra para estar motivada. Los cambios en la oposición son como para aferrarse a un clavo ardiendo. Pero, además, mi vida "extra-opositoril" en los últimos días me ha dado muchas alegrías y motivos para seguir adelante y dar otro empujón. Puede que el empujón definitivo (que no el último, porque ya sabéis que esto es laaaargo).

Así que a ver si puedo con ello. TENGO QUE PODER. 

Pese al momento de duda, sigo adelante.


Quién escribe

Mi foto
Pichús
Durante los últimos años, OPOSITORA A JUDICATURAS (¡ojalá que por poco tiempo!). Pero en los ratos libres intento seguir siendo YO.
Ver todo mi perfil

"Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el baston. ¡Pero nunca te detengas!" (Teresa de Calcuta)


"A la larga el éxito es más fácil que el fracaso. Sencillamente, consiste en saber lo que se quiere, en saber hacerlo y en tener la persistencia y la determinación de lograrlo" (B. Bailey)


"Si puedes soñarlo, puedes hacerlo" (Walt Disney)


"Si piensas que puedes, tienes razón y si piensas que no puedes, también tienes razón."


"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños" (Eleanor Roosvelt)


"El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntemos demasiado alto y no demos en el blanco, sino que apuntemos demasiado bajo y acertemos" (Miguel Ángel)


"No podemos descubrir nuevos océanos a menos que tengamos el coraje suficiente para perder de vista la costa" (Anónimo)


"Los muros existen por alguna razón. Y no es para mantenernos fuera, sino para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto queremos algo. Y para frenar a quienes no lo desean suficientemente." (Randy Pausch)

¿Alguien me lee?

Están en el mismo saco

Quiénes vienen por aquí