sábado, 25 de junio de 2011

Cambio de rumbo

¡Hola a todos!

No he vuelto a escribir desde antes del test. Y no sabéis lo muchísimo que siento el jarro de agua fría que ha supuesto el test para tantos de vosotros. Me parece muy injusto. De verdad: no entiendo cómo puede ser que exijan en el test cuestiones tan específicas de temas como la Ley de Crédito al Consumo, (a la cual dedica el programa un epígrafe miserable) o de Jurisprudencia... Desde luego, cuando dije en la última entrada que cada año se superan con el test, no me imaginaba que fuera a resultar tan catastrófico.

Sin embargo, ya son muchas las personas que conozco y de las que me han hablado que, habiendo aprobado este examen en diversas ocasiones durante los años anteriores, han suspendido el test este año. Y suspender un examen que ya aprobaste anteriormente es durísimo. A mí me ocurrió, después de haber ido el año anterior al primer oral, suspender el test el año siguiente. Fue el primer bache importante de la oposición. Y es que, de pronto, te encuentras con que no vas al siguiente examen al que tenías la seguridad de que irías. Te encuentras con que tienes que esperar UN AÑO ENTERO para volver poder enfrentarte a ello, para volver a tener un reto, para ver algo en el horizonte y no sentirte en medio de la nada.

Pero, también desde mi experiencia, os aconsejo que, los que penséis seguir adelante, os toméis estos meses como una oportunidad para reforzar el programa. Para machacar el primer oral si es lo que necesitáis pero, sobre todo, para dedicarle más tiempo a los procesales. Y es que, si me he dado cuenta de algo durante estos años es que, aunque es una suerte saber que cada año tenemos convocatoria, a veces el ritmo resulta muy agobiante. Cada vez que termina una convocatoria, ya está encima la siguiente. Y eso es bueno para muchas cosas, porque da seguridad que todos los años convoquen. Pero también supone que nunca tienes tiempo para machacar bien determinadas materias. Y, de verdad, no os digo esto sólo para consolar o dar ánimos, sino porque lo creo de verdad. Tomadlo como una oportunidad para aprovechar bien estos meses y para estudiar los temas mucho mejor de lo que lo habríais podido hacer si hubierais tenido que ir al Supremo este año. Y en la próxima las cosas irán mucho mejor. Si queréis llegar a buen puerto, no dejéis que esto os hunda: mantened el rumbo y seguid remando. Aunque las cosas no hayan salido como esperabais (especialmente los que llevais pocos años en esto) tenéis que pasar página cuanto antes. Mantened el rumbo, porque sabéis que, aunque no avistéis tierra durante días, semanas o meses, vais en la dirección adecuada. Es una especie de acto de fe :) Cuando a mí me ocurrió en aquel momento no fui capaz de hacerlo, pero luego me di cuenta del error. No era fácil... pero habría sido mucho mejor ser capaz de tomármelo con más calma, no dándole tanta trascendencia a un suspenso que en aquel momento no la tenía.

Pero bueno...voy a dejar aparte ahora el tema del test, porque tengo que contaros una cosa desde hace tiempo. No os he contado nada antes porque, cuando ocurrió, no me parecía el momento oportuno. Y después ha ido pasando el tiempo y, aunque tenía esta entrada escrita casi por completo, me costaba mucho publicarla.

El hecho es que el día 15 de mayo cerré los códigos, guardé los temas y no los he vuelto a abrir. No sigo con la oposición.

La decisión está tomada desde entonces. No tuvo nada que ver con el examen que iba a ser dos semanas después ni fue una decisión tomada en un momento de arrebato. Ha sido un proceso muy largo y la decisión que más me ha costado tomar en mi vida.


Después de mi paso por el Supremo el pasado mes de enero, como os conté (y era totalmente sincera), no me sentí hundida. Me sentí cabreada, impotente y con mucha rabia. Pero en ningún momento tenía ganas de tirar la toalla. Ni se me pasó por la cabeza, vamos. De hecho, recuerdo a mí misma diciéndoselo a otra persona totalmente convencida: "¿cómo voy a dejarlo, si la mayor parte del trabajo la tengo ya hecha? Si sigo adelante, al final saldrá." Y no me cabe duda de que, si hubiera tenido las fuerzas suficientes para seguir adelante, podrían haber ido bien las cosas. De que, como he oído reitaradamente en la última temporada "tengo capacidad para sacarlo"

Como ya os conté, después de aquel examen y de varias semanas de descanso que dediqué a los preparativos de mi boda, me puse a estudiar. Tenía ganas, de verdad. Evidentemente, daba pereza. Pero estaba motivada y me sentía con mucha ilusión por recuperar el ritmo porque pese a que las cosas no habían ido bien la última vez, al mismo tiempo, me había dado cuenta de que era posible lograrlo. Pero, como ya os comenté, al volver a empezar me estrellé contra los temas. Y fue así una y mil veces, cada día durante los meses siguientes. Luego ya llegó la fase en la que levantarme de la cama por la mañana era imposible y, las veces que conseguía madrugar, sólo de pensar en ponerme delante de los libros me entraba una ansiedad impresionante. En general, no tenía ganas de nada. Ni de estudiar, ni de salir... incluso pensar en la boda me agobiaba en vez de ilusionarme.
Durante estos meses he intentado de todo: desde ponerme planes de lo más exigentes hasta proponerme estudiar sólo un par de horas al día, con tal de que esas horas me cundieran. Estudiar sola, estudiar acompañada, ponerme metas cortas, "premiarme" los pequeños éxitos. Pero las cosas no cambiaron: era incapaz de concentrarme, de estudiar. 

De cara al test, sin embargo, conseguí que me cundiera un poco (muy poco) más. No es que estuviese súper animada, pero estaba menos chafada.  El test no era un examen que me preocupase. Lo había aprobado ya tres veces anteriormente y creía firmemente que, si me cundían las últimas tres o cuatro semanas repasando a tope, las cosas podían ir bien. Pero es que ni de eso fui capaz. Avanzaba a paso de tortuga incluso en ese momento en que debía ser capaz de correr como un gamo. Y más, estando a pocas semanas del examen. ¡Con lo mucho que me cunde a mí siempre cuando estudio bajo presión...! Pero esta vez ni con presión. Porque la ilusión se había esfumado hasta tal punto que ni siquiera era capaz de reaccionar ante un examen.

No era capaz de estudiar y me di cuenta de que tampoco iba a serlo aunque aprobase el test. Porque, precisamente, el test no era mi preocupación. De hecho, un día se lo dije a mi preparador: en el fondo, prefería no aprobar el test y no volver otra vez al infierno de prepararme para el segundo examen.

Sabía que, estando así, igual que no era capaz de centrarme en el examen que tenía en pocas semanas, menos aún iba a ser capaz de estudiar para un examen que no sería hasta enero. Y no estaba dispuesta a seguir así, porque durante todos los meses anteriores cada día había sido una auténtica tortura. Y no quería, no estaba dispuesta a seguir así. Y, no estando dispuesta a continuar, no tenía sentido seguir estudiando ni un día más.
Cuando me di cuenta de eso, de que lo que yo quería era dejarlo, de que no estaba dispuesta a seguir, me sentí tranquila, cerré el Código (creo recordar que estaba repasando el tema de la ocupación) y pensé que ya no tenía sentido seguir estudiando. Fue dificilísimo llegar ahí pero, al mismo tiempo, era una cosa tan sencilla que parece mentira que costase tanto de ver.

Decidí ir al examen, eso sí. No ir era como "rajarme" o dejar algo a medio hacer. Sé que puede parecer incoherente, que el sentimiento es irracional. Pero el caso es que esa sensación, unida al hecho de que, si no iba a Barcelona, tenía que contar mi decisión a una amiga y no quería que se viera afectada  por ella dos semanas antes del test, me hizo ir al examen una vez más. 

No toqué un libro las semanas de antes, ni siquiera intenté estudiar (aunque hubo momentos en que me resultó difícil no hacerlo). Fui al examen y lo hice lo mejor que pude. Era raro porque me sentí a como si estuviese viendo las cosas "desde fuera", desde la perspectiva del que no se juega nada, en parte, como una espectadora. Aunque, al mismo tiempo, concentrada y tratando de hacerlo bien. Contesté lo más razonablemente que pude, aunque en cinco meses casi no había sacado ningún rendimiento, había materias que no leía siquiera desde enero y, desde luego, de la reforma de Penal no tenía ni idea. Con lo cual... podía salir bien, pero sabía que lo normal era suspender. Y, aunque una parte de mí deseaba aprobar, otra parte sabía que lo mejor para mí sería no hacerlo. Porque, si aprobaba, no iba a conseguir desconectar. Iba a seguir dándole vueltas a la cabeza y pensando si no debería volver a coger los temas e intentarlo de nuevo.
En cualquier caso, finalmente, he suspendido. He sacado un cuarenta y cuatro y pico. Pero ver la nota de corte, tengo que decirlo, no me dio ni frío ni calor. Porque, como me dijo mi amiga Luisa cuando le conté mi decisión, si en algún momento me plantease volver a intentarlo, tendría que ser con ilusión absolutamente renovada, segura de querer hacerlo. Y la mejor forma no hubiera sido retomar los temas simplemente por el hecho de haber aprobado el test.
Volver a intentarlo, no por tener la ilusión de hacerlo, sino simplemente por no dejar pasar la oportunidad, hubiera sido un error estando en mi situación. Además de que, casi seguro, hubiera supuesto un nuevo fracaso.
Y, sobre todo, porque mi decisión no ha sido tomarme un descanso para volver dentro de un tiempo, sino cambiar de rumbo. Puede que en un momento dado cambie de opinión, me ilusione, me sienta con fuerzas y ganas y decida volver a intentarlo. Pero será, como dice Luisa, empezando desde cero en cierto modo.

Me hubiera encantado que las cosas hubieran sido de otra manera. Sé que tengo capacidad para aprobar. Sé que hay mucha gente que aprueba que es mejor que yo. Pero también sé que mucha gente como yo, gente normal y corriente, con un nivel de inteligencia medio y que trabaja muy duro cada día (como yo lo he hecho), aprueba cada año la oposición. Pero esa capacidad de aprobar, que está ahí teóricamente, a veces termina mermándose a causa de los obstáculos con que nos vamos encontrando. La vamos quemando. Por las circunstancias personales de cada uno, por los errores cometidos, por la mala suerte... Por el mero paso del tiempo y el desgaste que supone para algunos. Y al final, el resultado termina dependiendo demasiado de la suerte. Al menos, así lo veo yo.

Podía haber sido de otra manera, claro que sí. Y duele pensarlo. Pero las cosas son como son. Y, aunque creo que (casi siempre) "el que resiste gana", sé que, en ese momento no tenía sentido seguir "resistiendo". Porque, estando en estas condiciones, "resistir" es sólo seguir haciéndome daño sin sentido. Es seguir ahí, sin dar un paso adelante ni tampoco hacia atrás. Sin ser capaz de estudiar ni tampoco de disfrutar del día a día haciendo otras cosas. Así que, aunque me encantaría seguir adelante y no tener que hacerlo, me veo obligada a cambiar de dirección. Creo, de verdad, que es lo que tenía que hacer ahora mismo. Y ha sido muy duro llegar a esa conclusión. Pero me siento muy tranquila y cada día más contenta.

Sé que he cometido muchos errores a lo largo de la oposición que, unidos a todos esos factores que os decía antes, han sido determinantes de la forma en que han discurrido los acontecimientos. Me encantaría poder transmitiros a todos lo que he aprendido: todo aquello que no hay que hacer, que no hay que pensar ni que plantearse durante la oposición... Aunque creo que cada uno tiene que descubrirlo por sí mismo. No sirve de nada que otro nos lo cuente. Pero, si puedo ayudaros en algo a todos los que estéis en este barco, sólo tenéis que pedirlo. A veces, además de la experiencia del que triunfa, también es útil escuchar la experiencia del que fracasa :)

Aún no sé qué voy a hacer (profesionalmente hablando). He tomado la decisión de cambiar de rumbo pero no porque tenga claro qué dirección voy a tomar, sino porque sé que no quiero seguir por ahí. Lo que sí sé es que, por lo pronto, tengo que recuperarme, desconectar, desopositorizarme :) Pensar en los próximos meses y disfrutar de la boda y de los preparativos que faltan, a los que creía que no iba a poder dedicar nada de tiempo. Disfrutar del día a día, de mi novio, mi familia, mis amigos... De salir a que me dé el aire sin remordimientos. Hay vida más allá de la oposición, incluso para los que no la aprueban :) Y, en lugar de pensar en lo incierto del camino, en que no sé bien qué voy a hacer, quiero pensar más bien en que tengo un amplio abanico de posibilidades. Que sólo tengo que decidir hacia dónde seguir y emprender el camino con ánimo e ilusión. Y estoy en ello. No puedo decir que esté dando saltos de alegría, pero sí creo que he hecho lo correcto y no me he arrepentido por ahora en ningún momento. Y eso da cierta tranquilidad. 

Claro que hay incertidumbre. Pero, a fin de cuentas, antes de dejar la oposición tampoco tenía nada precisamente asegurado :) Y, al final, las cosas siempre se resuelven si caminas con ilusión y confianza... Así que, de un modo u otro, espero que todo irá bien.

Tampoco sé muy bien qué haré ahora con el blog. Puede que siga escribiendo lo que se me ocurra, aunque ya no oposite. De hecho, ahora soy más tertium genus que nunca :D O, mejor dicho, soy más que un tertium genus porque no es que me encuentre a medio camino entre dos cosas... ¡estoy a mitad camino entre no sé cuántas cosas!
De todas maneras, Supongo es que su destino natural es desaparecer de una forma o de otra, sea cerrándolo o bien dejándolo abierto pero en stand by. A fin de cuentas, es el fin de una etapa y es por eso, supongo, que me da pena cerrarlo. Pero no sé lo que haré. ¡No sabéis la cantidad de cosas que no sé cómo van a ser a partir de ahora! Así que ya se verá.

Quiero disculparme (sobre todo con algunos de vosotros, que me habéis escrito o llamado y no os he devuelto las llamadas ni los mensajes) por no habéroslo contado antes.
Antes del test, como ya os he dicho, no quería comentar nada aquí, ni tampoco hasta que terminase de examinarse del tercer ejercicio la gente a la que conozco. Porque sé que, igual que te anima y te sube la moral leer una entrada positiva o ver cómo aprueban algunos compañeros, te deja desanimado ver que otro abandona. Y no me parecía buen momento para dar la noticia. Igual que tampoco fui capaz de ponerme a escribir aquí mis pensamientos más negativos sobre la oposición durante el proceso de toma de decisión. Porque sé que esa perspectiva es la más negativa. La visión parcial de una opositora "quemada". Y, aunque esa visión es una parte de la realidad, sólo es una parte de ella. Y no me gustaba la idea de transmitir esas sensaciones ni a los que estabais a las puertas del test, ni a los que ibais a examinaros del tercero ni tampoco a los que acababais de suspenderlo. Espero que lo entendáis.

Por otra parte, es verdad que llevo "desaparecida" mucho tiempo para muchos de vosotros. No sólo del blog, sino en general. Y no sólo para los que opositáis, sino también para otras muchas personas. Pero es que no es fácil de contar. A todos los que he tenido la oportunidad de contárselo en vivo y en directo, lo he hecho. Pero coger el teléfono y llamar para contarlo sin que la otra persona haya estado viendo de cerca mi evolución durante este tiempo me ha resultado imposible incluso con personas muy cercanas. Y no es por falta de confianza. Si hubiésemos estado viéndonos, os lo hubiera contado antes, sin lugar a dudas. Incluso os habría transmitido mis sensaciones durante todo el tiempo anterior y la decisión no os hubiera sorprendido tanto. Pero es difícil contarlo así, a boca jarro, y telefónicamente.  Y es difícil contestar cuando, después de decirlo  te preguntan por qué lo dejas. Es duro escuchar ese "¿por qué?", que viene con una mezcla de sorpresa y decepción. Y llega un momento en que, aunque todos los que te lo dicen tienen buena intención y, precisamente, si preguntan por qué es porque confiaban en que ibas a conseguirlo y querían que lo consiguieras, cuesta mucho responder a esa pregunta una y otra vez. Y más telefónicamente. Espero que me perdonéis. Y siento, de verdad, decepcionaros o desanimaros de algún modo.
Yo estoy bien (y, si Dios quiere, aún estaré mejor). Todos los que me ven día a día me lo dicen: me ha cambiado la expresión de la cara. Y aún me queda, porque tengo todavía bastante mala leche acumulada, sigo irascible según los ratos... Pero estoy contenta y sé que la evolución va a seguir siendo positiva. Entre otras cosas, porque el futuro inmediato me ilusiona.

Antes de terminar con esta entrada, no quiero dejar de dar las GRACIAS a los que me habéis ido leyendo, a los que habéis compartido cosas en este blog, a los que me habéis dado ánimos aun no conociéndonos personalmente. Ya lo dije en otra ocasión: no sabía lo mucho que iba a aportarme este rinconcillo virtual :) 
Y, por supuesto, GRACIAS también a todos los demás... a todos los que, sabiendo o no de la existencia del blog, habéis estado ahí de un modo u otro, preocupándoos por mí, estando pendientes de cada examen, de mi estado de ánimo y de cómo estaba yo.

GRACIAS a mi novio, a mi familia, a mis amigos... que han estado ahí y seguirán estándolo pase lo que pase. Y gracias a todas las personas que, aunque no las nombre individualmente, han sido importantes cada una a su manera a lo largo del camino.

¡¡¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!!!

Y a los que seguís en esto, muchísima fuerza. Los que lleváis poco en esto, tratad de aprovechar al máximo vuestras fuerzas y los que lleváis más tiempo, sean los años que sean, seguid adelante mientras mantengáis la ilusión, porque el número de años no importa. Lo importante es mantener la ilusión y tener siempre claro que la oposición no es un fin, sino un medio. Se convierte en una parte muy importante de nuestra vida durante mucho tiempo, pero no es nuestra vida. Lo importante es ser felices. Ningún camino está libre de obstáculos y la oposición es un camino duro, pero no es el más duro. Lo que cuenta es ser capaz de ser felices con el camino que elijamos, sea cual sea nuestro rumbo. 


¡Mucha suerte a todos los que vais a volver a pasar por el Supremo este año! ¡Mucho, muchísimo ánimo! Y muchísima suerte a todos los que, de un modo u otro, vayais a empezar una nueva etapa, como jueces o fiscales o como sea.

No sabéis lo que me cuesta darle definitivamente al botón de "publicar esta entrada", pero allá va... 

¡Muchos besos a todos!





jueves, 26 de mayo de 2011

El test es como una caja de bombones...

¡Hola a todos! ¿Cómo van esos ánimos? ¡Espero que con mucha fuerza!

Que estéis con mucha fuerza todos los que estáis a punto de pasar por el Supremo Mery, te los tienes que comer con patatas! Por muy negro que lo veas, sé que en el fondo tienes más energías que hace mucho tiempo. Y, ya que no vamos a poder vernos en Barcelona, cuando apruebes tenemos que celebrarlo).
Y, por supuesto, espero que estéis con mucha fuerza todos los que, dentro de pocos días, volveréis (volveremos) a pasar, una vez más, por el dichoso test. Para algunos (entre ellos para mí) es la enésima vez. De nuevo El Día de la Marmota. Para otros, el test es un nuevo reto, bien porque van por primera vez o bien porque es la primera vez que van con probabilidades reales de éxito. Y aprobarlo supone cosechar el fruto del esfuerzo realizado en este tiempo.


Pero, vaya como vaya, hay que tener claro que el test es, como diría Forrest Gump, como una caja de bombones. Ni los que llevamos aaaaaños en esto ni los que vais por primera vez tenemos ni idea de qué es lo que nos vamos a encontrar. Y es que, cada año, sus Señorías nos sorprenden con alguna novedad
Los primeros años eran, en general, preguntas de derecho positivo puro y duro. Y, hace varios años, los que creímos que ya sabíamos cuál era el tipo de examen al que nos enfrentábamos nos topamos con sorpresas como las de "si A dispara a B..." y otras semejantes. Y, como novedad, el año pasado decidieron introducir preguntas sobre jurisprudencia. C´est la vie!

No sé si os acordáis, pero hubo un año en que, directamente, consideraron nula una de las preguntas y así lo declararon en el mismo momento del examen, porque al redactarla se habían confundido y habían puesto dos respuestas iguales. ¿Cómo se puede ser tan chapucero? ¡Sólo son 100 preguntas, no 600!

En cualquier caso, la "técnica" que más me gusta es la de redactar las preguntas añadiendo al final la socorrida opción de "ninguna de las anteriores es correcta." Y, en principio, esto no tendría que suponer un problema si supiéramos que las preguntas están bien planteadas y no presentan ambiguedades. Son preguntas que tienen una complicación añadida, pero tampoco sería grave si redactasen como Dios manda.

Pongámonos en situación: tú lees la pregunta y ves claramente que la opción B) y la opción C) son incorrectas. Y, posiblemente, si no hubieran puesto esa cuarta posibilidad (ninguna es correcta), elegirías la A). Sin embargo, tú que te sabes el artículo al dedillo (probablemente mejor que el que ha redactado la pregunta), te das cuenta de que en la opción A) falta un adjetivo o sobra un adverbio que hace que esa respuesta no se ajuste exactamente al sentido del precepto. Con lo cual, puesto que tienes la opción de responder que ninguna es correcta, eliges la opción D). Y, además, la contestas convencido, porque sabes perfectamente que ninguna de las anteriores es correcta.
 Sin embargo,  como decía, la cosa se complica en nuestro examen porque, cuando sabes que es posible que ese adjetivo que falta o ese adverbio que sobra no sean errores intencionados, sino meras deficiencias en la redacción y que a lo mejor consideran que la A) es la respuesta correcta...

Aun así, hay que tomárselo con humor, tratar de no indignarse aunque haya motivo (al menos, mientras estamos haciendo el examen) y hacer lo posible por contestar con sentido común. Leer con calma y no precipitarnos al responder las preguntas. Pero, al mismo tiempo, seguir nuestra intuición y confiar en nuestros conocimientos. Estando allí, sobre el terreno, a veces es complicado. Pero hay que mantener la calma.

El año pasado, que creía que esperaba poder contestar todas las preguntas de Constitucional y creía que era difícil que me saliera mal esa parte del examen, casi se me cae el alma a los pies cuando empecé a leerlo. Sin embargo, no hay que dejar que cunda el pánico: si leemos una pregunta y no la sabemos, pasar a la siguiente. Un rato después, cuando volvamos a leerla, a lo mejor se nos ilumina "la bombillita" y sabemos claramente cuál es la buena. Y si, aun así, no tenemos ni idea, hay que pensar que, probablemente, habrá muchos otros compañeros que estarán en la misma situación, dejarla en blanco y seguir adelante. Si vas más o menos bien preparado al examen hay que confiar en que, si la mayoría de la gente no sabe contestar esa pregunta, entonces no tiene gran trascendencia que nosotros tampoco sepamos, porque es la nota del conjunto de opositores lo que determina cuál será la nota de corte.

Otro factor incierto es precisamente ése: cuál será la nota de corte. Yo siempre he confiado en eso: en que la nota de corte estará en función del nivel de los opositores que, en general, puede decirse que año tras año tienen un nivel parecido. De manera que si el examen es difícil es igual de difícil para todos, y la nota de corte, será baja. Y, si es fácil, lo normal es que la nota suba. Sin embargo, no podemos confiar en eso al cien por cien, porque un  factor añadido (e igual de importante) es cuánta gente van a querer que apruebe el examen
Durante muchos años (sobre todo desde la introducción de Procesal en el test), la nota de corte había sido más bien baja. Creo recordar que un año, tras las impugnaciones, llegó a quedarse en un treinta y nueve. Y, en general, los últimos años estaba rondando los cuarenta y tantos puntos. Sin embargo, el año pasado, que habían convocado más plazas que nunca y que la impresión general no era la de un examen más fácil que en años anteriores, contra todo pronóstico, decidieron que el test lo iban a aprobar quinientas personas menos que en años anteriores. Con lo cual, la nota de corte subió a 53.
Yo, normalmente, contesto al examen sin arriesgar, respondiendo sólo aquellas preguntas de las que estoy completamente segura. Y eso hice el año pasado. Salí contenta del examen porque había contestado 55 preguntas de las que estaba bastante segura y no creía que la nota fuera a estar a ese nivel ni en broma visto cómo había sido el examen y cómo habían sido las cosas en años anteriores. Pero subió a 53... De las contestadas, tuve un fallo, así que aprobé por los pelos, cuando yo creía que estaría dentro sin problemas. ¿Hasta qué punto conviene arriesgar a la hora de contestar si se trata de preguntas de las que no estás seguro al 100%? Ojalá lo supiera. 
Siempre he sido de la opinión de que si vas preparado al examen, una vez has exprimido todo lo que sabías con seguridad, es no arriesgar. Y, en el fondo, sigo pensando lo mismo: ¿para qué jugársela? Hay que confiar en que, como decía antes, si yo no sé responder a las preguntas "ocurrentes" del examen, la mayoría de los opositores tampoco van a saber. Y si deciden aprobar a menos gente y suben la nota de corte... ¡pues mala suerte! Ese factor no podemos controlarlo, así que mejor no calentarse la cabeza con eso.

En resumen: hace tiempo que creo que, de verdad, este tipo de examen no demuestra lo que sabemos. Yo el año pasado, habiéndolo antes aprobado ya en varias ocasiones, estuve a un pelo de suspender. Y gente que lo había aprobado muchas otras veces se quedó fuera.

¿Qué nos encontraremos este año? ¡Pues a saber! Pero, como no depende de nosotros, mejor no agobiarnos de antemano. Tomárnoslo, a ser posible, con algo de humor y con mucha tranquilidad en el momento de contestar las preguntas. Hacerlo lo mejor posible, estrujarnos la cabeza para contestar tantas preguntas como sepamos y rezar para no arriesgar ni más ni menos de lo necesario
Después, ir a celebrar que, por lo menos, ya ha pasado
Y luego esperar con paciencia la nota de corte, que es un "trago" en el que muchos nos hemos tirado de los pelos más de una vez :) Pero ésa es otra historia... Ahora sólo toca repasar todo lo posible y estar animados. 
Como ya hice el año pasado, os pongo el enlace a una entrada en el blog de Mery con consejillos que pueden venir bien.

¡MUCHA, MUCHA, MUCHÍSIMA SUERTE A TODOS!

Os escribo a la vuelta del examen.

¡Muchos besos!
jueves, 24 de marzo de 2011

Nunca digas no puedo más...


 ¡Hola a todos!

¿Cómo estáis? Aunque parezca mentira, desde el examen y el comienzo de las vacaciones, es la tercera vez que me siento delante del ordenador para empezar una entrada. Espero que, por fin, ésta vea la luz. 

Esta temporada no ha sido fácil. Para no mentir, las vacaciones fueron estupendas. Desconecté, descansé, hice muchísimas cosas... Y, por supuesto, fui al cine todas las veces que pude. Sin embargo, la vuelta a la realidad fue como una bofetada. Mi sensación el día que volví a coger los temas fue la de "soy un fraude". Sentí que no podía con ello. Que, si no había aprobado, era porque no merecía conseguirlo. Mi sensación fue la de que, en realidad, no me sabía ni un tema del programa. Y, aunque en realidad sé que no es así, todavía no he conseguido quitarme esa losa de encima. Y esa sensación ha desembocado en una apatía que no es normal en mí. Siento que no puedo con ello.

Mi preparador, mi padre y todos los que me conocen dicen lo contrario. Dicen lo mismo que creía yo hace dos meses: que puedo con ello, que la mayor parte del esfuerzo está hecha y que hay que seguir adelante como sea. Pero esto es un camino largo. A veces, con baches que se hacen eternos y, por mucho que razonemos y por mucho que nos digan, no es tan fácil seguir adelante.

Sin embargo. Tengo que ponerle punto final a esta mala racha. Mi novio, últimamente, no deja de preguntarme en qué me puede ayudar. Pero soy yo quien tiene que hacerlo. Los demás pueden ayudar estando ahí, pero es uno mismo el que tiene que hacerlo, que reunir fuerzas suficientes para salir de la cama cada día y coger el todo por los cuernos. Y yo, hasta ahora, estoy viendo pasar los días por delante de mí sin conseguir avanzar en nada. Agobiada, malhumorada y tristona. Y lo peor es ¡que no tengo motivos!

Muchos lo sabéis y a los que no, os informo ahora: este verano me caso :)) 
Cuando pusimos la fecha de la boda, hace ya un año, sabíamos que, llegado el momento, podía ocurrir que hubiese aprobado la oposición o, podía ser, como ha ocurrido, que siguiera en la misma situación. Sin embargo, necesitaba dar ese paso, saber que la vida sigue, y que iba a seguir igual aunque no hubiese conseguido aprobar. El tener tomada esa decisión ha sido muy importante para mí. Me ha ilusionado muchísimo y ha resultado muy alentadora en muchos momentos. Porque, pese al fracaso en la última convocatoria, veo que hay cosas estupendas en mi vida. En definitiva, aunque sea repetitivo: que la vida sigue y no se limita, ni mucho menos, a la oposición.

Lo que no me esperaba es que, llegado el verdadero bajón, el bajón  de la vuelta al estudio, ni siquiera la perspectiva de la boda consigue animarme. La vida sigue, es verdad. Y con cosas muy buenas. Pero no consigo evitar que me vengan pensamientos negativos a la cabeza constantemente. Pienso que no lo voy a conseguir y que, encima, me voy a encontrar con treinta y tantos, sin haber ejercido en mi vida y sin saber hacer la "o" con un canuto. Y todo por lo de siempre: la falta de fe. Sobre todo, la falta de fe en mí misma, claro. El autosabotaje puede ser una fuerza muy poderosa, pero hemos de saber reconducirla para jugar a nuestro favor y no en nuestra contra. No puedo seguir tirando piedras sobre mi propio tejado.

Hay que volver a atreverse, lanzarse y confiar, aun sin saber cuál va a ser el resultado final. Porque existe la posibilidad de que me estrelle, es verdad, pero también puede ser que consiga aterrizar sobre mis propios pies. Y si no me lanzo, es seguro que no lo conseguiré. Hay que echarle un par de ovarios a este tema. Aunque cueste. Estoy cansada psicológicamente. Muy, muy cansada. 

Pero esto no puede seguir así. Ha llegado el momento de dar un puñetazo en la mesa, levantarse y decir "¡Ya está bien!" Ya está bien de lamentos, de dudas, de regodearme en la incertidumbre. Esto últimos días me he acordado varias veces de las palabras de Goytisolo: "Te sentirás acorralada, te sentirás perdida o sola..." pero "nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo." 

A veces son muy fuertes las ganas de tirar la toalla... Y aumentan a cada año que pasa. Pero tengo que volver a intentarlo. Intentarlo de verdad. No puedo dejar que los días vayan pasando de largo uno tras otro, escapándoseme de las manos, vacíos, cuando podría estar sacándoles mucho partido.

Y, como he tomado esta decisión, la decisión de "coger el toro por los cuernos", tenía que plasmarla aquí. Porque, aunque pueda parecer que tenía el blog olvidado, no es así. El silencio de este tiempo se corresponde al cien por cien con mi estado de ánimo. Pero "ya está bien" también de tanta sequía bloggera.

Justo el día que escribí la última entrada hacía un año que había inaugurado este blog. Y, durante este año, el blog ha sido para mí algo muy bueno. Recuerdo que Jaspe me lo dijo en su día: que el abrir el blog me iba a reportar muchísimas cosas muy buenas. Y ha sido así. Me habéis aportado muchísimo con vuestros comentarios, con vuestras experiencias, con vuestros ánimos... Y me ha servido también en gran medida para aclarar las ideas. Para plasmar pensamientos que, a veces, es muy bueno sacar fuera. Me ha servido, incluso, para comprometerme más firmemente a cumplir objetivos. Y por eso hoy vuelvo a escribir aquí: porque, aunque mañana o pasado no me cundan como debería, estoy decidida a emprender un nuevo comienzo. A coger el toro por los cuernos y a salir del bache como sea. Si después de eso no salen bien las cosas, entonces ya veremos. Pero pueden salir bien y tengo que apostar por ello.

Gracias a todos los que habéis estado ahí conmigo todo este tiempo. Antes y después del examen. En persona, por teléfono o a través de internet. Y gracias a todos los que lleváis leyéndome pacientemente durante este año, escribiendo y haciendo posible que este Cajón Desastre siga adelante :) Así que, aunque sea con retraso, ¡feliz cumple-blog a todos! 




domingo, 16 de enero de 2011

Ya pasó


¡Hola a todos!

En primer lugar, siento no haber dado señales de vida hasta ahora. Iba a hacerlo el mismo día que me examiné por la noche, pero al final no pude y después se me han ido complicando las cosas.

En segundo lugar, os advierto que esta entrada va a ser larga y os aviso de que, quienes ya sepáis cómo fue el examen, bien porque lo habéis leído en el foro, porque os lo he contado por teléfono o porque me lo habéis oído contar unas cuantas veces durante los últimos días, podéis saltaros la primera parte, que no es más que una crónica del examen.  

El examen fue, francamente, mal. Y no porque no me supuiera los temas o porque me quedase en blanco ni por ninguna de las razones que podía haber temido yo previamente. 
El estudio me fue bien hasta el final. Casi literalmente hasta el momento de entrar al examen. Conseguí pensar poco y estar tranquila (en la medida de lo posible, claro) hasta el final. 
Y hubo suerte. Salieron 5 temas muy asequibles. Alguno demasiado "soso" y poco "lucido", pero todo temas eran que podía defender. Incluso algunos temas me gustaban. Por un momento, llegué a creer que a lo mejor salíamos del Supremo con buenas noticias. Pero no.


De verdad, no os imagináis qué poco respeto, desde el primer momento, por parte del Presidente del Tribunal. 
Ya cuando estaba sacando las fichas, no dejaba de hablar en voz alta con el que tenía a su lado, de manera que ni se enteraba de los temas cuando los iba diciendo el Secretario, que se los tenía que repetir después. 
El Secretario me dijo que me sentase, que tenía un minuto para decidir si quería cambiar o no alguno de los temas (para quienes no lo sepáis, tenemos derecho a cambiar uno de los cinco temas después de sacar las fichas) y comunicárselo al Tribunal. Mientras me lo pensaba, el Presidente siguió hablando con el de su lado sobre si yo iba a cambiar o no el tema y diciendo que "si lo cambia, es porque no se lo sabe... o si no, es porque no se qué..."
Después (para quienes no lo sepáis) tenemos 15 minutos para preparar unos esquemas antes de empezar a exponer. Pues durante ese tiempo el presidente no dejó de criticar a la chica que se había examinado antes que yo, hablando en un tono súper despectivo. Y, por supuesto, en voz bien alta.
Aun así, yo estaba contenta con los temas que me habían tocado y, cuando empecé a exponer, me senttía segura. Nunca había cantado ante el Tribunal y, de verdad, me daba miedo no ser capaz de mirarles a la cara en el momento de hablar o de tener que decir un artículo. Pero el primer tema, el 5 de Constitucional, me gusta. Y empecé tranquila, sabiendo que podía salir adelante. Y verme ahí, mirándoles a la cara, no a uno, sino a todos, cantando un tema que me sabía, me hizo sentir mejor. El sentimiento era bueno, vamos. 
Hubo, sin embargo, un momento en que me quedé callada. El típico momento en que piensas qué es lo que viene después y puedes hacerlo en silencio o decir el típico  “ehhh …. eehh… ”  mientras piensas y luego seguir hablando. Pero el presidente aprovechó  el hueco para intervenir y decirme que me serenase, que no me pusiera nerviosa y bebiera agua.  A lo mejor lo hizo con la mejor de las intenciones, pero a mí no me sonó nada tranquilizador. De hecho, yo no estaba especialmente nerviosa y el comentario me tocó bastante la moral.  Continué exponiendo y, dos minutos después, hubo un momento en que dudé si hacer o no referencia a una sentencia o si terminar y pasar al epígrafe siguiente, y divagué un pelín, repitiendo la misma idea con otras palabras. Hice un nuevo silencio y al presidente le faltó el tiempo para preguntar:
“¿Se va usted a retirar, verdad?”
Estábamos aún en el primer tema (para quienes no lo sepáis, el Tribunal no puede levantar al opositor hasta el tercer tema, hasta entonces te tienen que escuchar). No había habido ningún mal gesto, ningún intercambio de miradas ni de opiniones entre los demás miembros del Tribunal… Y la verdad es que no tenía intención de retirarme en el tema 5 de Constitucional.

Pero para mí fue como si me quitaran el suelo de debajo de los pies. En ese momento no te das cuenta, no eres capaz de saber si lo estás haciendo bien o mal y si el Presidente, después de una primera interrupción, te pregunta eso… ¿qué haces?  Yo me quedé de piedra. Parece evidente que no le gusta lo que estás cantando, aunque es un tema que te sabes.
Creo que le contesté algo así como “me he quedado bloqueada”, pero es que ni siquiera estoy segura de lo que le dije.  Me quedé mirándole a la cara, pensando que iba a decirme que continuase, cantando, pero no. Lo que me dijo fue:
“Ya me lo imaginaba. Y si hubiera continuado usted con su exposición, habría ido de mal en peor y no habría podido llegar al final del último tema.”
Luego, me preguntó cuánto tiempo llevaba estudiando, le dije que llevaba 6 años y que ese tema lo había cantado muchísimas veces y muy bien. “Y entonces, ¿qué le ha pasado? ¿es que no ha tenido usted un buen día?¿Es que no ha dormido usted bien?” 
No sé muy bien qué le contesté a ninguna de las dos preguntas, pero ahí acabó todo.

Pasado el examen, me costó unas cuantas horas reaccionar y darme cuenta del atraco, del sabotaje, de la putada que me habían hecho. Yo no lo estaba haciendo mal. Soy capaz de hacerlo de manera más brillante, pero lo estaba haciendo bien. Pero es que, como después me dijo mi preparador: aunque lo hubiera estado haciéndolo fatal, él no tenía derecho a decirme que me marchase, ni expresa ni tácitamente. Si no quiere animarte a seguir, si no quiere decirte que lo estás haciendo bien, lo único que puede hacer es poner cara de póker hasta el tercer tema. Pero hasta entonces, y por unanimidad con el resto del tribunal, no puede decirte que te retires.
Ojalá hubiera tenido la determinación suficiente para seguir adelante a pesar de todo. Porque, si no me hubiera puesto la zancadilla más veces, a lo mejor habría podido recuperar el hilo de la exposición y seguir adelante. Aunque lo dudo. Porque, después de semejante mazazo, lo más probable es que ya no hubiera dado pie con bola. En eso tenía razón el presidente.
C´est la vie! :)

Algo de todo esto, sin embargo, es positivo.  
Por una parte, a pesar del resultado, he de decir que éste ha sido el año en que menos mal lo he pasado durante los días previos al examen. Ha influído el hecho de que no he estado sola en ningún momento pero también, supongo, la mentalización y el saber qué cosas había que intentar evitar y cuáles había que fomentar. El apoyo de mi novio full time ha sido decisivo. 
Pero, sobre todo, hay una cosa de la que no me quiero olvidar y es que me atreví a hablar. Y no sólo eso: lo hice mirándoles a la cara y sintiéndome capaz. Fue breve, pero suficientemente motivador como para volver a por ello. Y con eso quiero quedarme.

En cuanto al comportamiento del Presidente... más que hundirme, me cabrea, me "pica". Si Dios quiere, el año que viene no volveré a toparme con alguien así porque, por suerte, esta actitud, actualmente, es excepcional en los tribunales de nuestra oposición. Pero, si me volviera a ocurrir, no volvería a dejar que me chafasen así.

Evidentemente, lo que ha pasado me hace sentir rabia, impotencia. Me ha hecho preguntarme muchas veces estos días si realmente estaría cantando tan mal como para hacerme lo que me hizo. Me he preguntado qué puede ser lo que le hizo ensañarse así conmigo. ¿Me vio especialmente débil? ¿Víctima fácil? Pero, ¿por qué?  Puede que tuviera ganas de llegar pronto a casa... ¡No sé...! Pero da igual. Porque el año que viene no puede haber margen a la duda. El año que viene tengo que ir a por todas. Básicamente: esto no puede quedar así :)

Ahora lo que toca es desconectar. Descansar... Y pasar página.

Hay un sentimiento más que no puedo dejar de expresar y que también ha estado muy presente estos días: el agradecimiento a muchas personas que se han acordado y que han cuidado especialmente de mí durante los días previos y durante toda la temporada anterior al examen.

Hay momentos en que asusta ver cuánta gente está pendiente de ti, de tu examen, de cómo vaya ese día. Pero, en último término, se agradece el interés y el cariño. El de todos.

Gracias a muchas personas, de mi familia y de fuera de ella, a las que no menciono expresamente, pero que sabían lo importante que era para mí este examen y han tenido gestos constantes de cariño, de apoyo y de ánimo. Gente muy cercana, como mis tíos o mi abuela han estado pendientes de principio a fin. Pero también otras personas mucho más lejanas, como Sveta, la señora que limpia en mi casa, que casi no sabe Español, me pidió que le mandase un mensaje al móvil diciendo "examen bien" o "examen mal" cuando supiera qué tal había ido todo :) Y como ella, otras muchas.


Gracias a los foreros, bloggeros y demás compañeros internautas... parece mentira cómo une esto. Cómo estamos pendientes unos de otros. Algunos, incluso, sin conocernos en persona. María, Tania, Esther, Ruth, Antonio, Alberto, Marta... ¡al final lo conseguiremos! (algunos, de hecho, vais a lograrlo dentro de nada). Gracias a los que os acordasteis de mí el día D, a los que me escribisteis y a los que no quisisteis hacerlo por no importunar. Las dos actitudes son de agradecer.

Gracias a todos mis amigos. Ana, Ana, Natalia, Inés, Raúl, Luisa, Vicente, Mabel, Elena, Manolo, Josemi, África, Carmen...  Cada uno de vosotros ha estado ahí de alguna manera.
Gracias por las flores, por la crema de calabacín y por ofrecerte a escuchar temas... (parece que esto va para largo, así que, aunque no haya sido esta vez, a lo mejor no te libras). 
Gracias por las flores de pascua. Gracias por las visitas rápidas. 
Gracias por estar ahí discretamente, presente y sin agobiar. 
Gracias por las llamadas y mensajes desde Italia. 
Gracias a los que llamabais y mandabais mensajes para dar ánimos y a los que no os atrevíais a hacerlo para no molestar. 
Gracias por el caldito cuando estaba con gripe. 
Gracias por el vídeo ("¡atrévete"!)... Si leíste la entrada anterior tendrás, al menos, cierta idea de lo importante que fue para mí, pero no creo que sepas cuánto. 
Gracias por el pegamento, por el lapislázuli y, sobre todo, por tu cariño. Me acompañaron al Supremo, junto con el imán de "We can do it!".
Gracias por hacerme sentir que yo soy mucho más que ese examen. 
Gracias por confiar en mí. 
Gracias por entender que siga en esto (a quienes lo entendéis) y por apoyarme a pesar de todo (a quienes no lo entendéis). 

Gracias a Joaco, a Teresa y a Ana, por entender que estas Navidades tenían que ser diferentes. 
Gracias por la cena de Nochevieja, aunque no la pudiésemos pasar juntos. 
Gracias por estar siempre pendientes, por vuestro apoyo y vuestros ánimos, siempre ahí, pero siempre sin agobiar.

Gracias a mi preparador, por la paciencia, por el apoyo y la confianza. 
Gracias por todos los cantes extraordinarios a horas intempestivas durante la época anterior al examen.

Gracias a mis padres, a Nona y a mis hermanos... por los ánimos constantes. 
Por estar ahí cada uno a su manera, dispuestos a echar una mano en lo que hiciera falta. 
Gracias por las oraciones. 
Gracias por las flores, por la compañía, por escuchar temas, por racionarme el chocolate, por los ánimos en la estación. 
Por la cena, todos juntos, después del examen. 
Gracias por los tuppers gourmet
Gracias por el epígrafe de civil y por tantos otros que me habrías hecho si lo hubiera necesitado. 
Gracias por implicaros y por hacer que estas Navidades hayan sido también para vosotros las Navidades de mi examen.  
Gracias por el servicio diario de despertador, incluyendo sábados, domingos y festivos. 
Gracias por venir a Madrid, una vez más, aun sabiendo que podía ocurrir que, de nuevo, regresásemos con las manos vacías. 
Seguro que, aun así, el año que viene estaríais dispuestos a volver. 
Gracias por empujarme hasta el último momento, por decir "no pasa nada" y por la convicción de que, al final, las cosas saldrán bien.



Gracias a mi novio. Yo soy la que oposita, pero los dos nos sacrificamos. 
Gracias por las toneladas de paciencia.
Gracias por escuchar temas de Civil, Constitucional y Penal. Más que nunca. Unas veces por epígrafes y otras completos, desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche. 
Gracias por estar ahí las 24 horas para lo que pudiera necesitar. 
Gracias por las coca-colas matutinas, por los medios sandwiches de merienda.
Gracias por hcer que no haya tenido que preocuparme por nada más que no fuera estudiar.
Gracias por lidiar pacientemente con mi mal humor, con mi agobio, con mi horario y mis manías.
Gracias por acompañarme siempre.
Gracias por entender tantas cosas.
Gracias por quitarme presión y por hacerme sentir que, de verdad, no pasa nada si no hay Nochevieja, Navidad ni aniversario. 
Gracias por creer en mí.


A todos: gracias.




Durante las próximas semanas seguro que en algún momento entraré por aquí. Pero voy a intentar  desconectar de la oposición y volver a ser un poco más YO que durante los meses pasados. 
Agradezco todo lo que me han cuidado durante este último tiempo, pero tengo ganas tener tiempo de cuidar a los de mi alrededor. De estar con mi novio, de planear cosas juntos. De ver a mis amigos y a mi familia sin límite de tiempo.  De preguntarles cómo va todo, de escucharles y no ser yo la que habla cuando, por fin, tengo un hueco. De salir a la calle, de tomar el sol, de reordenar mi casa, de ir al cine, de oir música, de cocinar y de todo eso que hace SIGLOS que no puedo hacer. 

Ya llevo varios días en ello y estoy a punto de sentirme de VACACIONES.

¡Muchos besos a todos!




domingo, 2 de enero de 2011

¡Atrévete!

¡Hola a todos!

En primer lugar, espero que hayáis disfrutado estos días. Y, sobre todo, os deseo lo mejor para este año recién estrenado.

Son muchas las sensaciones que he tenido durante estas últimas semanas. Y van intensificándose todas ellas mientras avanzan los días. 
Por un lado, la ilusión de cumplir un sueño.
El cansancio.
La angustia, la tensión y el mal humor, que me convierten en la persona más irritable del mundo y, al mismo tiempo, en la más necesitada de mimos.
Los arrepentimientos y lamentos del tipo "por qué no habré sido capaz de aprovechar más estos meses." 
El agradecimiento a todos los que de un modo u otro han estado cuidando de mí, apoyándome desde cerca y desde lejos, acordándose, rezando por mí... Ese también es un sentimiento muy importante. Aunque, al mismo tiempo, conlleva una especie de "carga" ya que, por otro lado, no puedo evitar sentir cierto temor a decepcionarlos a todos. Porque para algunos supondría una gran alegría mi aprobado. Para mis padres, evidentemente. Pero para mi novio, sin ir más lejos, cada día de oposición supone también un sacrificio, aunque lo haga a gusto y me apoye de todo corazón. Y hay muchas personas que  me quieren, que se preocupan y que de verdad confían en que va a ir bien.
El miedo al fracaso también está ahí. Aunque no es miedo a un "fracaso vital" o algo así. Al contrario. Si hay algo que me mantiene contenta y con algo de tranquilidad es SABER que, de verdad, mi felicidad no depende de este examen. Que mi vida va a seguir adelante igual. Que tengo mil motivos para estar contenta. Y que 2011 va a ser, como muchos sabéis, un año muy especial para mí. Salga como salga esto. Y no es que piense abandonar si no apruebo este examen: al contrario. Ahora mismo tengo claro que, aunque saliera mal, no podría tirar la toalla porque me siento capaz de conseguirlo. Más que en mucho tiempo. Pero si, aun volviendo a intentarlo, volviese a fracasar, evidentemente, me dolería. Pero sé que podría ser igualmente feliz.

Aunque parezca mentira y sea mucho menos importante, más que ese miedo al fracaso es más intenso el miedo visceral. El miedo a la angustia que se vive en el Supremo... a las horas previas, al examen... A todo lo que ya os he dicho en otras ocasiones. Y es que, una vez más, iré a Madrid con el programa peor de lo que querría. Con temas que casi seguro no me va a dar tiempo a volver a mirar de aquí al examen, que no me repaso desde la edad de piedra y que, si salen, no podría decir de ellos más que los títulos de los epígrafes. Son temas de "con la venia, me retiro". Otros los llevaré cogidos con alfileres...  Y sé que, desde fuera, habrá muchos que no lo entenderéis. ¿Cómo puede haber temas que, si salen, significan "adiós y buenas tardes" después de casi siete años en esto? No me voy a poner a explicarlo,  pero sé que la mayoría de los que estáis en la brecha lo entendéis perfectamente. Habrá quien piense que es para darme de bofetones. Pero, tranquilos, que de eso ya me encargo yo y no hace falta que me lo recuerde nadie :)

Sin embargo, el no llevar el programa como a mí me gustaría no significa ni mucho menos que vaya a salir mal. Como siempre dice mi novio, "con que te sepas cinco temas, puedes aprobar". Y, desde luego, los cinco temas sí que los supero... :)  Puedo tener muy mala suerte y, a menudo, Murphy suele jugárnosla en este tipo de situaciones. Los temas de la lista negra están ahí y pueden salir. Y ltambién los temas que van cogidos con alfileres. Pero también están ahí esos otros temas, que son muchos, que sabría recitar de memoria aun estando dormida. 

Sé que, a pesar de todos esos temas, tengo probabilidades de aprobar y tengo que luchar por ellas. Dar todo lo que pueda hasta el final, porque cada tema que repasas puede salir. Luchar hasta el último momento. Y el último momento es aquel en que el presidente te invita a retirarte o aquel en que terminan los 60 minutos de examen, después de cantados los 5 temas, y sales fuera de la sala a esperar el "veredicto". No antes. No puedo rendirme antes ni dejarme apabullar por el tiempo que se me echa encima. Es necesario esforzarse hasta ese último momento en que tienes ganas de salir corriendo del Tribunal Supremo. 

Por cierto: mi amiga y compañera Luisa me ha regalado un bote de pegamento para pegarme a la silla una vez empiece el examen y no levantarme hasta el final. Así que no puedo fallarle :) Me he comprometido con mucha gente que me quiere pero, sobre todo, me he comprometido conmigo misma a que, bajo ningún concepto dejaré que el miedo me atenace. No me retiraré aunque todos los temas que salgan sean temas "cogidos con alfileres". Si me "atasco" en un tema, haré lo posible por "desatascarme", por seguir adelante, saliendo por peteneras si hace falta, saltando al punto siguiente o como sea. Pero me he comprometido a poner toda la carne en el asador en el momento del examen. A no tener miedo y ejercer mi derecho a hablar ante esos nueve señores durante sesenta minutos. Y si no les gusta, que me lo digan y me levanten ellos. Pero, si he de dar algun paso, esta vez será hacia delante. 

No dejéis de ver el vídeo que os dejo al final de la entrada.  Me encanta y, aunque parezca mentira, por lo mucho que me enrollo, es el motivo principal de mi entrada. Una amiga me lo envió hace unos días (dando completamente en el clavo), especialmente dedicado a mí. Desde entonces lo he visto varias veces y lo he tenido presente en muchas ocasiones. Sobre todo, el momento final... Ése en que se pone de manifiesto no sólo que hay que ser valiente sino que nuestros miedos, cuando nos enfrentamos a ellos y les plantamos cara, terminan evaporándose. 

Ojalá haya un poco de suerte porque, por mi parte, estoy decidida a ir a por todas.

Cuando haya noticias, las tendréis, pero no será antes del miércoles o jueves después de Reyes.

Entre tanto, ¡feliz Año Nuevo a todos! Y que os traigan muchas cosas los Reyes Magos.

¡Un abrazo y ánimo a todos los que os examináis a partir del día 10!



domingo, 19 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!


¡Hola a todos!

Acabo de revisarme el planning de la semana y una vez más, me ha entrado el agobio. ¡No llego! Y poco tiempo queda ya para poder remediarlo, por mucha caña que meta... Pero no era eso de lo que quería yo hablar. Vuelvo a empezar.

Ejem...

Acabo de revisarme el planning de la semana y, aunque parezca mentira, acabo de darme cuenta de que esta semana que empieza es la semana de Navidad. ¡Quién lo iba a decir!
La Navidad es una época que no deja indiferente prácticamente a nadie.



Incluso para quienes es menos importante el aspecto espiritual de estos días, la Navidad puede ser una época excepcionalmente alegre y un momento para disfrutar de la familia y de unos días de fiesta verdaderamente especiales. Si hay niños cerca, se respira, incluso, algo de magia.

Hay, sin embargo, quien, sencillamente, detesta la Navidad. Quien se pone de los nervios desde el momento en que empieza a oir los primeros villancicos o a ver los primeros adornos de Navidad en las tiendas. Se agobia de pensar en el ajetreo de esos días, con todo el mundo de acá para allá, comprando regalos y organizando comidas y reuniones familiares que no siempre apetecen mucho.

Hay personas para las que, sencillamente, no es Navidad, porque viven en condiciones tales que no importa si es septiembre, junio o diciembre. Viven solas o necesitadas la mayor parte del año. Y las cosas no cambian porque sea 24 de diciembre.
Por otra parte, hay también muchas personas que lo pasan verdaderamente mal cuando ven aproximarse estas fechas. Les encantaría "saltárselas". Que el calendario avanzase más rápido durante el mes de diciembre. Y no por falta de espíritu navideño. Sino porque echan en falta a seres queridos que ya no están, y más durante estos días que solían compartir con ellos. Hay gente a la que estos días le ponen triste porque están lejos de casa, porque están solos o porque, por una cosa o por otra, recuerdan épocas pasadas en que la Navidad era para ellos un momento especialmente alegre, de vivir en familia, de compartir, de regalar, de cantar. Y hoy no  queda nada de eso.

A mí, personalmente, siempre me ha encantado la Navidad. Siempre la hemos vivido muy intensamente en mi familia. Hay aspectos que, lo reconozco, no me gustan mucho. Sobre todo, la forma en que los comercios empiezan a darnos la tabarra diciéndonos que "Ya es Navidad..." casi desde el mes de octubre. Pero la verdad es que la Navidad es una época que me encanta

Este año, sin embargo, van a ser unas Navidades un poco raras. Mi única participación en las fiestas propiamente dichas será cenar en casa, en familia, en Nochebuena. Eso sí, éste será el primer año que no estaremos todos, porque mi hermana tiene que estar fuera ese día. Pero, para mí personalmente, como sabéis, estas Navidades son "especiales" porque, sencillamente, me propuse desde hace mucho conseguir no enterarme de la Navidad. He evitado durante estos días hacer lo que normalmente hubiera hecho (aparte de que, aunque hubiera querido, no hubiera tenido tiempo). Y es que, desde hace meses tengo en mi cabeza la asociación de ideas Navidad-Examen. Y, sé que sonará exagerado, pero cada vez que he pasado por delante de un escaparate adornado casi prefería no mirar y pensaba "si es que mira que exageran, con lo que falta todavía para Navidad..."  ¡Pero ahora ya está aquí! :)  


Sé que parece que me haya convertido en el Grinch, pero es temporal y por causas más que justificadas, creo yo. Además, dentro de lo que cabe, intentaré disfrutar de esa mínima participación navideña que me espera la noche del 24. A fin de cuentas, es Nochebuena y, puesto que voy a dejar de estudiar algo más pronto de lo habitual, disfrutaré de mi familia, de la cena y de los regalos. Porque este año, por culpa del dichoso examen, hemos tenido que adelantar los Reyes. Y, subrayo: no hemos cambiado los Reyes por Papá Noel. Los Reyes, simplemente, se adelantan, pero a nuestra casa no viene Papá Noel :) 

Estas Navidades están marcadas para mí por la proximidad del examen, pero quiero desearos a todos que las disfrutéis en la medida en que el estudio os lo permita. Y a los que tengáis días libres, especialmente. ¡Desconectad y pasadlo bien y empezad el año con las pilas bien cargadas! 

A los que, como yo, os esperan unas fiestas cargadas de temas, agobio y estrés, os deseo que, por lo menos, os cundan al máximo estos días. Y, sobre todo, que el esfuerzo tenga recompensa. 
 ¿He dicho yo antes que los Reyes se adelantan este año? ¡Menudo error! ¡¡Lo que de verdad espero es que vengan la semana del 10 al 16 de enero!! :)

Aquí os dejo mi felicitación navideña. Es, seguro, menos "ñoña" de lo que habría sido si me sintiera un podo más involucrada en las fiestas este año, pero me parece muy gracioso y es apropiado como felicitación bloggera. El texto aparece en portugués, pero seguro que no tendréis dificultades para entenderlo:




¡Feliz Navidad a todos! ¡Un abrazo fuerte!
martes, 7 de diciembre de 2010

El virus devora-temas

¡Hola a todos!

        Cada vez que escribo últimamente me pregunto si no será la última antes del examen o si todavía volveré a asomar la cabeza por el blog. Pero, ya véis que al final siempre vuelvo por aquí :)
Y, que conste, no lo hago con motivo del cumpleaños de nuestra Constitución (a eso ya llego con retraso). Ni tampoco para hablar del ya de sobra comentado "Estado de Alarma" con que empezamos el puente (¡sí! ¡El estado de alarma del artículo 116, ese mismo...!)

       No. Lo hago para contaros algo menos comentado y menos sabido (y también bastante menos relevante). Y es que estos días he tenido la gripe




 

Han sido sólo tres días, pero parece que ha pasado un siglo porque con los escalofríos que de pronto se convierten en sudor, la fiebre, el dolor de cabeza y los viajes de la cama al sofá y del sofá a la cama, el tiempo transcurre de forma extraña. 
       Estos días he intentado estudiar. Bueno, para ser exactos, lo intenté los dos primeros días pero ayer, cuando a primera hora de la mañana vi en el termómetro 39.5 ºC, directamente decidí que ni merecía la pena el intento.
      
          Sin embargo, no os lo cuento para que me digáis "uy, pobrecita, la gripe... ¡y justo a un mes del examen! Si es que tienes la negra..." Porque eso ya me lo dije yo suficiente el sábado y el domingo. Os escribo para contaros la parte positiva. Y no me refiero a lo estupendo que es tener un enfermero (hoy convertido ya oficialmente en enfermo) como el que he tenido yo estos últimos días al pie del cañon.    Que eso es ya de por sí positivo, y mucho. Sino a que hoy, al despertarme, milagrosamente, ya no tenía ni un pelín de fiebre. Sigo teniendo tos de tísica (mi hermano dixit) y voz de Manolo (según mi hermana). Pero fiebre ya no.
        Y, con el agobio que, como comprenderéis, me ha supuesto el no poder tocar un libro durante estos días (me subía por las paredes), cuando esta mañana en el termómetro he visto 36.5 ºC, he pensado: "¡tengo que aprovechar, antes de que suba la fiebre!" Y, como no ha subido en todo el día, he estado casi hasta ahora devorando temas. Con mucha más fuerza que antes de la gripe. Así que... al menos, de algo positivo ha servido.
        
         No diré que estos días me han servido para descansar, ni que han sido tiempo libre, porque aún me estoy recuperando y, además, llevo muy mal el reposo forzoso. Pero al menos me han servido para meterme un poco de estrés sano en el cuerpo. Y, ya puestos, que nos quiten lo bailao: seguro que en estos últimos tres días he visto más a mi novio de lo que lo voy a ver en las próximas semanas. Y, para colmo, hemos visto, nada más y nada menos que ¡dos películas! El erizo (creo que era la cuarta vez que la veía) y Hamlet, de Keneth Branagh (esta la vimos ayer a última hora, cuando ya estaba más despejada, porque si no...) :) 


       Ya os contaré, pero espero que aunque desaparezcan la voz de Manolo y la tos de tísica, el ansia-devora-temas post-gripe no se esfume, sino se quede conmigo hasta mitad de enero. Eso sí, de aquí al examen no me puedo permitir otra gripe, por mucha caña que le meta después :)

      
       Bromas aparte, visto cómo han sido los últimos tres días: ¡cuidáos mucho, chicos, que la gripe viene fuerte este invierno! Os aseguro que lo último que podía esperar yo ayer (y menos anteayer) es que hoy iba a poder estudiar y que, encima, me iba a cundir. ¡Si es que los opositores somos raritos...!

¡Un abrazo sin virus y con mucha energía para todos! 


Y, otra vez, GRACIAS... ¡espero que se pase pronto...!


      
miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cuestión de confianza

¡Hola a todos!

Montones de veces durante estas semanas he pensado que me apetecería escribir en el blog, pero no tengo hueco. 

Estoy trabajando bastante duro (con mis días buenos y mis días malos, como es normal). Pero, sobre todo, estoy tratando de luchar contra mí misma. Parece una broma, pero es así. Es increíble hasta qué punto a veces somos capaces de convertirnos en nuestros propios enemigos. 

Durante estos años nunca he cantado un sólo tema delante del tribunal. He ido tres veces al Supremo. Seguro que ya os las sabéis de memoria pero os las cuento de nuevo :)

La primera vez, realmente, iba con muy pocas posibilidades. Saqué las bolas y me levanté.

La segunda vez iba mejor que la primera, pero llevaba algunos temas muy antiguos que sabía que, si salían, directamente no había nada que hacer. Y, de los cinco, me salieron cuatro temas estupendos, de esos que escigerías si te dieran a elegir. Pero el segundo tema era uno de esos que en aquel momento resultaba indefendible. De esos que sabes que, si salen, te levantas. Sé que no podía haber hecho nada con aquel tema, eso lo tengo claro. En aquella situación podía cantar el primer tema y luego retirarme o bien retirarme directamente. Pero es que me fastidió tanto tener cuatro temas tan estupendos y que hubiera uno que no tenía por dónde coger... Que cantar el primer tema (concretamente, el primero de los  temas del Poder Judicial) para luego decir adiós me daba muchísima rabia. Así que me retiré sin más. Y seguramente eso lo hice mal: tenía que haber cantado aquel tema. El resultado hubiera sido el mismo, pero probablemente yo me hubiera sentido mejor.

La tercera vez... ¡a ver qué pasa! No sé cómo voy a llegar al día del examen. No sé si cumpliré mi plan (espero que sí) ni si, aun cumpliéndolo, me sabré los temas suficientemente bien como para aprobar. 

Lo que sí sé es que, si no soy capaz de recuperar (o encontrar) la confianza en mí, volveré a irme con las manos vacías. Porque últimamente (hace ya tiempo) me encuentro muy bloqueada en el momento de cantar. Antes no me ocurría... Pero ahora hace tiempo que sí.

Voy al preparador, él decide qué temas me toca cantar y me hago los esquemas. No sé vosotros pero en los esquemas (además de la estructura del tema y alguna palabreja clave) suelo apuntar el número de los artículos. Pero empiezo a cantar con miedo, convencida de que llegado el momento clave me voy a quedar en blanco. Dudando si, cuando llegue a cada uno de esos números, mi cabeza y mi lengua se coordinarán y seré capaz de recordar el contenido del artículo y cantarlo de corrido, tal y como he sido capaz de hacerlo en casa. Y el miedo no es buen consejero. Bloquea. Y, si empiezo pensando que cuando llegue al artículo X me voy a quedar sin saber que decir, es altamente probable que ocurra. De hecho, artículos que podría cantar sin ningún tipo de duda, que me sé de corrido desde hace años, simplemente no "salen" cuando me encuentro en esa situación de "bloqueo mental".
Otras veces, a pesar del miedo, sí soy capaz de seguir cantando, pero lo hago convencida de que lo que estoy diciendo no es correcto, de que me estoy "inventando" los artículos. Y, lo que en una simple clase, con el preparador, supone simplemente parar el cronómetro y decir "la estoy fastidiando, mejor lo dejamos", ante el tribunal es un "con la venia del Tribunal, quiero retirarme"

Y eso NO puede ser. 

Porque, entre otras cosas, mientras canto no puedo ser objetiva. No puedo saber si "desde fuera" el tema que estoy cantando se ve tan mal como lo veo yo "desde dentro". Pero el hecho es que mientras estoy cantando, cuando las cosas no salen como yo quiero, lo único que veo es que estoy haciendo un auténtico desastre, sea o no verdad. Y lo manifiesto externamente, además de que voy saboteando mi propia exposición. Mi preparador dice que a veces, incluso, se me nota en los gestos, llegando incluso a decir "no" con la cabeza mientras canto el tema y miro mi esquema. Y es que, es un hecho: continúo cantando el tema pero, mientras tanto, me digo a mí misma "lo estás haciendo fatal", en lugar de decirme "¡venga, que estás aguantando como una jabata!".

Y, para colmo, muchas de esas veces, ni siquiera lo estoy haciendo tan mal como a mí me parece. Ayer mismo, cantándole un tema al preparador, lo que yo creía que había sido un artículo "inventado", una auténtica  realmente había sido un precepto dicho con total literalidad. Y, después de vacilar en varias ocasiones, paré el cronómetro y tiré la toalla.

"¡No puedes hacer eso! ¡No puedes levantarte! Cuéntales una milonga si es preciso, sigue aunque sepas que estás metiendo la pata pero ¡NO TE LEVANTES!" Algo así me dijo mi preparador ayer...

 Y me dijo más cosas, claro, porque mi preparador no es de esos que te echan la bronca y se quedan tan anchos. Entre otras cosas, porque sabe que yo misma ya me voy a quedar "flagelándome" bastante después del fracaso y lo último que necesito es que me apedreen más. 

"Tienes que creer en ti (frase repetidísima por mi novio durante los últimos años), has trabajado y tienes derecho a que el Tribunal te escuche. Y tú tienes que jugar a tu favor. No puedes ir al tribunal diciendo "no me lo sé". Al contrario. Tienes que sacar lo mejor de ti, recrearte en las partes del tema que mejor te sabes y pasar de puntillas por aquellas en las que flojeas. Aguantar los cinco temas como sea. Tienes derecho a que te escuchen, tienes que hablar y que hacerlo con la cabeza bien alta. Y, hecho eso, que sean ellos quienes juzguen. Tú no puedes a la vez cantar el tema y juzgar si lo estás haciendo bien o mal. Al contrario. Lo que tienes que hacer desde el momento en que entras por la puerta es representar un papel: el del opositor que domina el programa. No puedes dar otra impresión.
Y, desde luego, no te juzgues a ti misma mientras cantas el tema. No puedes ser Juez y parte simultáneamente. Entre otras cosas, porque no eres imparcial. Y, precisamente tú, tiendes a juzgarte con un rigor que, probablemente, no utilizarías para el resto..."


Todo eso es TAAAAN cierto... Pero... ¿cómo puedo hacer para conseguirlo? Lo de poner cara de poker se me da fatal (todos los que me conocen lo saben). Aun así, eso se puede practicar, supongo.
Pero, lo de aumentar realmente la confianza en mí misma es algo que, de verdad, no sé cómo conseguir. Mi preparador dice que no puedo ir allí con la actitud del que implora clemencia, sino con la actitud del que exige justicia. Entre otras cosas, porque he trabajado duro y me lo merezco, aunque sea por antigüedad :)
¡Y sé que tiene razón! Lo que no sé es cómo conseguirlo. La confianza en uno mismo que va mucho más allá de la oposición en sí. No es algo que se improvise, desde luego. Y tampoco tengo muy claro cómo "trabajarla". 

Pero el caso es que durante la primera época de la oposición no era así. Era capaz de cantar un tema aunque no sintiera que lo estaba dominando; de aguantar hasta el final. Y de cantar con mucha más contundencia y seguridad. Supongo que han sido muchos años de esfuerzo sin fruto. Y eso, al final, hace que pierdas un poco la fe en el resultado e incluso en ti mismo. Esa es mi teoría pero, sea como sea, habrá que romper el círculo, digo yo. 

Hay gente a la que le falta confianza en su capacidad para relacionarese con los demás, hay gente que le falta confianza en su vida laboral... ¡Y hay gente que se cree que es mejor que nadie en cualquier aventura en la que se embarca!
Lo ideal, en mi opinión, es tener una visión lo más realista posible de nosotros mismos. Tenemos que conocer nuestros puntos débiles para tratar de mejorar e incluso, de disimularlos cuando haga falta. Y saber también cuáles son aquellas cosas en las que verdaderamente somos buenos. Aquello  en lo que podemos despuntar. Ser consciente de que valemos. Potenciarlo. Y demostrarlo. 

En fin, seguiremos trabajando en ello. Entre tanto... Lo que sí sé que tengo que poner en práctica en cada tema es lo de "no levantarse", continuar hasta el final aunque salga un desastre de tema. Pero aguantar el culo pegado a la silla caiga quien caiga. (Luisa, ¿no me ibas a regalar tú un tubo de super-glue?) ¿alguna otra sugerencia?

Espero que vosotros estéis bien. Durante estos días ha habido de todo entre los compañeros. Aprobados merecidísimos, de esos que celebras de corazón, casi como si fueran tuyos. Y también algún suspenso de personas que, lo último que yo pensaba, era que fueran a caer en este examen. Desde aquí, otra vez, enhorabuena a los aprobados. ¡Y, otra vez, muchísima fuerza al resto!

Ya seguiré escribiendo. Si desaparezco un poco, no os preocupéis. A lo mejor la semana que viene hay una entrada nueva. Pero con el examen a mes y medio es complicado escribir. Incluso aunque haya mucho que decir.

¡Un abrazo a todos!





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Durante los últimos años, OPOSITORA A JUDICATURAS (¡ojalá que por poco tiempo!). Pero en los ratos libres intento seguir siendo YO.
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"Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el baston. ¡Pero nunca te detengas!" (Teresa de Calcuta)


"A la larga el éxito es más fácil que el fracaso. Sencillamente, consiste en saber lo que se quiere, en saber hacerlo y en tener la persistencia y la determinación de lograrlo" (B. Bailey)


"Si puedes soñarlo, puedes hacerlo" (Walt Disney)


"Si piensas que puedes, tienes razón y si piensas que no puedes, también tienes razón."


"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños" (Eleanor Roosvelt)


"El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que apuntemos demasiado alto y no demos en el blanco, sino que apuntemos demasiado bajo y acertemos" (Miguel Ángel)


"No podemos descubrir nuevos océanos a menos que tengamos el coraje suficiente para perder de vista la costa" (Anónimo)


"Los muros existen por alguna razón. Y no es para mantenernos fuera, sino para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto queremos algo. Y para frenar a quienes no lo desean suficientemente." (Randy Pausch)

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